La Isla Oeste

‘Lo que aprendí con Madre Teresa’

Sean Callahan conoció a la mujer que hoy se convierte en santa y nos narra su historia.

PRNewsFoto/Catholic Relief Services

Maryland. Sean Callahan recuerda cómo era trabajar con la Madre Teresa. “En aquellos días mi vocabulario se limitaba a dos palabras. Sí, Madre”, narra el director de operaciones de la agencia de ayuda humanitaria internacional Catholic Relief Services (CRS) y vicepresidente de la misión social Cáritas Internacionalis.

Este 4 de septiembre, la beata Madre Teresa se convierte en Santa Teresa de Calcuta. Hoy, Callahan la recuerda de cuando era director regional de CRS para la India Oriental en Kalkota, entonces llamada Calcuta a partir de 1994. Su larga relación inició unos pocos años después que ella y sus Misioneras de la Caridad comenzaran a llevar atención y amor a personas enfermas, pobres y moribundas, a principios de los años cincuenta.

“Ella era muy pequeña y hablaba en voz muy baja, así que yo estaba siempre doblado para poder oír lo que decía”, recuerda Callahan, quien tiene una foto de la Madre Teresa, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1979, en su escritorio en la sede mundial de CRS en Baltimore. “A menudo tomaba tus manos entre las suyas y te mantenía ahí mientras te hablaba”.

Cuando Callahan llegó a Calcuta había tres millones de personas viviendo en las calles, un millón de las cuales eran niños.

“En aquel momento, la necesidad de ayuda en Calcuta era inmensa”.

“Con tantas personas viviendo en las calles, por todas partes se veía desesperación y enfermedad. La Madre Teresa puso en marcha la Casa del moribundo porque no podía permitir que estas personas vivieran los últimos momentos de su vida en soledad”, subraya.

CRS comenzó su trabajo en la India en 1946 para ayudar a la Iglesia local en Bombay a proporcionar alimentos a las personas que se recuperaban de la Segunda Guerra Mundial. Una década más tarde, Monseñor Alfred Schneider, entonces director de CRS en la India, oyó hablar de una monja dedicada a servir a los pobres en Calcuta. Poco después conoció a la Madre Teresa en una escuela informal apoyada por CRS y visitó la Casa del moribundo, instalada en unos almacenes.

Schneider luego recaudó dinero para la primera ambulancia de la Madre Teresa e hizo los arreglos para que ella hablara a un grupo de mujeres católicas en los Estados Unidos, lo que constituyó su primera instancia de publicidad internacional.

Enseguida CRS comenzó a trabajar con las Misioneras de la Caridad en programas de alimentación infantil y ayuda a familias en Calcuta. Esta relación se desarrolló más a medida que las Misioneras de la Caridad se convirtieron en el mayor colaborador de CRS en la India Oriental. Se asignaron hermanas para trabajar con la agencia Católica de ayuda humanitaria internacional.

“Recuerdo un día en el que al llegar a una reunión con la Madre Teresa le hablé de un hombre que había visto en el medio de la calle, con un aspecto verdaderamente desvalido, sin ropa y muy débil”, relata Callahan.

“Su reacción inmediata fue preguntarme dónde estaba ese hombre y cuándo lo había visto para enviar la ambulancia. Luego me dio un número de teléfono y me dijo que si alguna vez veía algo parecido, llamara a ese número. Así es como trabajaba ella y yo me sentí aliviado de saber que podría llevar ayuda a algunas de las personas necesitadas que encontraba frecuentemente en aquella época”, agrega.

“En otra ocasión, recibí una llamada de la Madre Teresa que se había enterado que había una inundación en Bangladesh y me preguntó si yo podía llevar camiones de suministros al lugar del desastre porque las hermanas de ahí los habían pedido”, recuerda. “Le expliqué que se necesitaban permisos especiales del gobernador del estado para cruzar la frontera con alimentos y suministros de emergencia.

Ella preguntó -¿Qué tengo qué hacer? y le dije que necesitaba obtener los permisos. -Muy bien, respondió- Usted consigue los camiones y yo consigo los permisos. Nos vemos en dos horas”.

“Y eso es lo que pasó. Ella no simplemente enviaba a alguien, ella hacía el trabajo ella misma. Así que, efectivamente, cruzamos la frontera con nuestros suministros, llevando como pasajeras a las hermanas de las Misioneras de la Caridad”, recuerda.

En 1995, Callahan se vio obligado a abandonar la India a causa de una enfermedad. Mientras estaba preparando su partida, habló con la Madre Teresa y ella le dijo que quería visitarlo durante un próximo viaje a los Estados Unidos. Tras reorganizar un itinerario minuciosamente planeado, ella llegó a la sede mundial de CRS en mayo de 1996, el año antes de que muriera.

“Sentimos que estábamos ante la presencia de una santa”, sostiene Callahan.

“Ella dio su vida para ayudar a la gente en sus condiciones más difíciles y creó una misión para que religiosos y laicos siguieran sus pasos”, subraya el fiel creyente, quien celebra que Madre Teresa finalmente haya sido reconocida como Santa.

Hace 19 años que falleció la monja albanesa beatificada en 2003 por Juan Pablo II. Para que una persona sea canonizada la Iglesia Católica requiere que se reconzcan dos milagros auténticos para elevarle a los altares.

El primero fue reconocido en 2012, cuando Mónica Besra, una mujer india que padecía un tumor en los ovarios acudió a las Misioneras de la Caridad, y  sobre su estómago fue colocada una pequeña medalla bendecida por la religiosa. El tumor desapareció, según corroboraron sus médicos.

El segundo fue reconocido en 2015, ante la historia del ingeniero brasileño Marcilio Haddad Andrino, quien padecía una grave infección bacteriana en el cerebro. Este rezó pidiendo intercesión de Madre Teresa, y posteriormente su enfermedad se tradujo en ocho abscesos cerebrales listos para operar. 

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