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La Isla Oeste

Las Delicias del Poder

El autor critica a los "grandes ejecutivos del deporte" que no valoran a la fanáticada que le da vida a la cultura del juego.

Wikipedia/CC by 3.0

Por Advin Pellot Blas

La analogía perfecta que se vive en las jerarquías del deporte en todas sus facetas, tiene su semejanza a la película que estelarizara la fenecida actriz mexicana María Elena Velazco (la india María), “Las Delicias del Poder”.

Una que presenta como los que disfrutan de los grandes intereses, se jactaba de su poderío ante el pueblo, mientras que los compueblanos viven las inclemencias. Eso lo podemos ver en cualquier evento deportivo en todo Puerto Rico.

Si es chocante ver en un estadio o coliseo del país prácticamente vacío, es indignante observar como se sientan en primera fila “los grandes ejecutivos del deporte”. Ese grupo elitista y exclusivo llenos de mucha verborrea hueca y sin sentido para el fanático y el deportista. Ese que es punto y aparte con el fanático, muchas veces enajenado de lo que pasa en el tabloncillo o en el terreno de juego, pues sus temas son sus intereses propios y de sus ambiciones estrambóticas y no de lo que ocurre en el deporte.

Para ellos, la voz del fanático que es quien paga su boleto no es válida ni mucho menos importante, pero si hay algo bien importante para ellos, el “don dinero”. Igual aquellos que conocen de la rama deportista, ya que su conocimiento es menospreciado y su labor son pisoteados cuando no dan el valor que se merece por su trabajo.

Nunca olvidaré, el día que mientras transmitía nuestro programa deportivo en un recinto universitario del país, se encontraba dando discurso un conocido presidente de esta magna universidad y lo más que me indignó es que este caballero tenía escolta y su carro tenía que estar frente a la puerta del salón de actos, para escapar a toda prisa y así evitar el contacto con la clase estudiantil. En segundos echó al suelo su elocuente mensaje, se quedó en eso, solo palabras.

Curiosamente muchos de estos “Ejecutivos del Deporte” no tienen conocimiento pleno del deporte, son apoderados o delegados y como dice mi señor padre “No han jugado ni bolita y hoyo”. Llegan aquí para decir que aportan algo a la sociedad y levantar más su ego entre su cerrado cerco de “amigos de la alta alcurnia” que solo lo disfrutan “entre copas y amigos”. Las ansias de poder y el factor de reconocimiento en el deporte son como un cáncer que los carcome por dentro, haciendo morir a quien muere por el deporte, sea béisbol, baloncesto, voleibol y a su fanaticada.

No les importa el fanático, ni menos les importan los jugadores, ni su equipo de trabajo. Muchos de ellos, están por el interés y cuánto van a sacarle o que partida les toca. Si el jugador come o deja de comer, si se enferma o está bien, si tiene dinero para la gasolina o no, solo les importa ellos y su grupo en sociedad. No les importa a quien tenga que atropellar en la ruta lo importante es que su nombre quede limpio, y seguir tomando de la copa de vino acostumbrada, debajo de los tres árboles de la infamia.

¡No le echemos culpa a la fanaticada! Cuando no vayan a los coliseos o a los estadios. Los verdaderos culpables los tenemos sentados en la primera fila. Esos que no los escuchan al viejo fanático e ignora al joven con inquietudes. Menosprecian la fanaticada haciéndoles ver inferiores, sin saber que sin la gente que paga el boleto no hay  franquicia.

Basta ya de discursos aprendidos y aburridos y de palabras relumbrantes. Ya cansan con los mecanismos ambiguos y retrógradas que han llevado al deporte a estar moribundos sin que nadie le de CPR. Reconozco que el fanático, los jugadores y el equipo de trabajo que representan cada franquicia y liga o federación del país merecen ser tratado con valor y con importancia, si queremos que vuelvan a las canchas y a los estadios. Que el título no sea más grande que nuestra vocación y nuestro llamado a servir a nuestro pueblo.

Tenemos que volver al apoderado, al ejecutivo que conoce el deporte y que es de pueblo. Al apoderado y el ejecutivo que se quita la chaqueta, se ensucia en el terreno y el que suda en la cancha. No el elitista, pues dan ganas de vomitar cada vez que se ven sus actitudes y prepotencia.

El público merece un gran espectáculo en cada recinto deportivo del país, pero no esperemos que eso ocurra si primeramente no hay lo más importante: Respeto a los jugadores y la fanaticada de la patria puertorriqueña.

Esto es sencillo: “Volvamos al principio y tendremos éxito”

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