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La Isla Oeste

Leroy: El perro que cambió la vida de un maestro ciego

Ante el discrimen sufrido en lugares públicos donde no les han permitido el paso, ofrecerán una orientación en Lajas para dar a conocer la Ley ADA.

2017/Foto One Red Media

Por Víctor Manuel Vázquez Domenech / Para La Isla Oeste

San Germán. Nunca se vislumbró con un perro de servicio, pues entendía que con su bastón sentía la suficiente libertad de trasladarse a donde quisiera. “El perro no era para mí”, aseguraba entonces Tomás Cintrón, quien debido a una condición visual congénita perdió su visión totalmente a la edad de 23.

Hoy,  a sus 49 años, Tomás, es maestro de educación especial en el Departamento de Educación e instructor de orientación y movilidad para ciegos y para niños con impedimentos visuales en el Distrito Escolar de Cabo Rojo.

Todavía recuerda cuando su compadre lo recomendó para poder adquirir un perro guía. Se dio la oportunidad y cumplió con los requisitos. De la escuela CNI Dog Training en New Jersey se comunicaron con él. Hace apenas un año y medio que a su vida llegó Leroy, un canino que, según afirma,  “me cambió mi vida”.

“Cuando uno está en la calle trabajando o está caminando, el trabajo del perro es esquivar obstáculos, peligros y facilitarme la movilidad. Con un bastón, pues uno tropieza con el objeto, ya sea un zafacón, un poste, un carro. Uno analiza la situación y  determina qué acción va a tomar para esquivar el obstáculo. Mientras con el perro, ya de por sí,  (el can) ve el obstáculo y está analizando por dónde pasar para que no tropiece”, relata el profesor, que atiende a estudiantes en diez escuelas entre los pueblos de Lajas, Cabo Rojo y San Germán.

Le suma un impedimento la sociedad

Tomás, casado con Vanessa Torres y padre de dos jóvenes de 18 y 15 años, asegura que ha experimentado situaciones incómodas, específicamente en cuatro establecimientos donde le han negado el paso con su perro.  Un centro de convenciones, un centro comercial y dos comercios de comida rápida, fueron los escenarios para el desarrollo de este discrimen. Destaca que tres de estos incidentes ocurrieron en Ponce.

Recientemente supo de un reportaje relacionado con este asunto, en el que narra el relato del veterano puertorriqueño, Eddie Román -quien padece de trastorno de  estrés post traumático (TEPT)- y del maltrato que recibió junto a su perro de servicio Pilot y cuando le prohibieron la entrada a varios lugares.

De manera que, se contactó con el veterano radicado en Texas, y organizaron una charla educativa, en la escuela intermedia Luis Muñoz Rivera de Lajas, el próximo viernes, 10 de febrero, para orientar sobre las leyes y el trato que se le debe brindar a todas las personas que tengan animales de servicios.

En Puerto Rico aplica la Ley federal ADA (American with Disabilities Act) y la Ley 280 de 1999 del Estado Libre Asociado. De acuerdo a  estas leyes, en los establecimientos solo pueden intervenir con personas que tengan animales de servicio para realizarle tres preguntas claves:  ¿Usted tiene alguna necesidad?,  ¿El perro está adiestrado para suplir esa necesidad?,  ¿En qué el animal le ayuda?

Según Tomás, estas preguntas se pueden realizar sin faltar el respeto a nadie y basado en la realidad. “Es como haciendo una analogía, cuando un policía interviene contigo pues tiene que leerte unos derechos y tienen un orden. Básicamente es lo mismo”, comentó sobre este protocolo.

Explicó que cuando han intervenido con ellos, le han preguntado por el chaleco distintivo del perro pero les explica que como es un perro guía, su uniforme solo consiste en el arnés.

“Lamentablemente, hay lugares donde han intervenido y me han preguntado con ‘cierta actitud’ si es un perro guía y que muestre evidencia. He optado por colocar en mi bolsillo la identificación y cada vez que se me acerca algún guardia de seguridad se la muestro”.

“Ya sea perro de servicio, perro guía o animal de servicio de una persona con limitaciones, tenga la bondad y la amabilidad de primero preguntar, acercársele gentil y educadamente y preguntar si tiene alguna identificación. Aun así, si tiene alguna inquietud o preocupación está en todo el derecho de preguntar si el perro está en ley, si está reglamentado, si está acreditado, si está certificado o si tiene alguna identificación que indique que es un perro de servicio, tiene toda la potestad de hacerlo”, apunta.

Empero, Cintrón reitera que el público debe estar consciente de que cada día en nuestra sociedad hay más personas con limitaciones y con necesidades especiales que están integrándose a la sociedad y de una manera u otra están alcanzando sus metas. “Tengan conciencia de que si estamos independiente y libremente en la calle, somos ciudadanos que estamos dispuestos a contribuir a la sociedad, la comunidad y a la economía, simplemente brindándonos la oportunidad de ser independientes”, exhorta el profesor mayagüezano y residente en San Germán.

Como profesor, uno de los centros de trabajo de Cintrón es la escuela superior Lola Rodríguez de Tió de San Germán. Desde allí se desplaza a diferentes escuelas a brindar sus servicios. Relata que, antes tomaba los llamados carros públicos y los choferes “se mataban” por brindarle el servicio, pero que desde que tiene a Leroy le han negado el transporte, por lo que tuvo que radicar querellas a las autoridades pertinentes.

2017/Foto One Red Media

2017/Foto One Red Media

Otro de los momentos que con mayor tristeza recuerda, fue la agresividad con que lo trató el personal de seguridad  del Centro de Convenciones de Ponce, cuando asistió junto a un grupo de estudiantes graduandos, a una Casa Abierta de la Universidad de Puerto Rico (UPR) el año pasado.

“La persona vino con una actitud hostil y como que ‘si el perro me muerde, yo lo someto’. La situación fue incómoda. Yo me comuniqué con la administración de la UPR y ellos se hicieron cargo de la situación. De igual forma, me comuniqué con la alcaldesa de Ponce mediante carta, donde ella se comprometió a readiestrar a su personal para que en futuras ocasiones no ocurran situaciones como esta”,  expresó  Tomás.

De otra parte, recordó que entró a un establecimiento de comida rápida donde la gerente lo botó gritándole. “Fue una actitud bien humillante y hostil. Como estábamos cansados, mi esposa y yo,  tomamos la acción de marcharnos del lugar, no sin antes comunicarme con los directivos de la cadena. Ellos fueron y por lo que vieron en las cámaras de seguridad le brindaron su colaboración y disculpas. Comprometiéndose con readiestrar a sus empleados”, explicó.

¡No se toca!

Aunque los animales de servicio no son mascotas, una vez le quita el arnés y la correa, Leroy se convierte en un perro normal que brinca y juega.  Es solo por un determinado lapso de tiempo que puede consistir en unos 15 minutos al día.

La cultura puertorriqueña se caracteriza por algo que, en ocasiones, influye para que se presenten situaciones incómodas a las personas que dependen de un perro de servicio. El ser demasiado simpáticos lleva a algunos a querer tocar y acariciar al can.

 “Aquí en Puerto Rico las personas se te tiran encima para tocar al perro. Les explico que está trabajando, que no lo pueden tocar pues lo distraen y podrían causar un accidente.  Pero al puertorriqueño se le hace difícil comprender e internalizar eso de que un perro se le puede desplazar o delegar tantas cosas para que me ayude”, destaca.

Requisitos de salubridad

“Pet friendly” es un término que identifica cuándo y dónde se permite a mascotas entrar a  establecimientos.

Sin embargo, Cintrón destaca que hay que establecer que un perro de servicio no es una mascota, sino un animal de servicio que vela por la seguridad de sus custodios y del cual el humano es el responsable de su comportamiento en lugares públicos.

CNI Training Dog es una de las escuelas fundadoras de perros guías en Estados Unidos que asumen todos los gastos para el adiestramiento de animales de servicios. El costo total de servicio para estos perros fluctúa entre $20,000 a $50,000, pero los mismos son auspiciados por empresas que le dan donativos y a través de actividades de recaudación de fondos.

Actualmente hay pajaritos, monos, ponys y perros que son entrenados como animales de servicio a personas con alguna discapacidad. Estos animales atienden a personas ciegas, sordas, con diabetes, epilepsia, con traumas, ansiosas y para terapias, entre otros.

“El perro para mi viene siendo más bien como una libertad, una independencia, me puedo transportar de una forma más rápida.

Cintrón puede viajar con Leroy a cualquier país siempre y cuando cumpla con los requisitos de salubridad o de vacunas requeridas para mostrarlos a la aduana. En Puerto Rico, el requerimiento consiste en que el perro esté vacunado contra la rabia.

Leroy mantiene su record médico en un “chip” (transmisor de data) insertado en su piel. Además, el chip tiene la función dual de “GPS” (sistema de posicionamiento global) para en caso de que se pierda, poderlo rastrear.

El peso ideal que debe mantener uno de estos perros de servicio es de 64 a 75 libras, para que no pierda movilidad. Leroy pesa 74 libras.

“Para tener un perro de servicio debes saber que tienes que levantarte diariamente a las 4:30 de la mañana, darle de comer, atenderlo, velar por el, cuidarlo y peinarlo. Porque la impresión que él va a dar, es la que va a determinar a dónde vayamos”, afirma Tomás.

Confiesa que una de las cosas más difíciles que se le hizo al principio fue confiar y alinearse a lo que el perro hace. “(Al principio) te sientes inseguro porque como que estás caminando en el aire sin saber con qué vas a chocar”, recuerda. Esto le trajo muchos problemas, pues la ansiedad que sentía se le transmitía al perro quien interpretaba que no estaba realizando las cosas bien.

Como medida para afrontar el conflicto, “ya yo le suelto las riendas y él sabe lo que tiene que hacer”, afirma.

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