Advertisements
La Isla Oeste

Crónica: Aventura por el paso del tren

La excursión ayuda a recaudar fondos para la construcción y habilitación del Museo del Tren en Isabela.

Foto: Victor Manuel Vazquez Domenech / Para La Isla Oeste /2017

Por Víctor Manuel Vázquez Domenech / Para La Isla Oeste

Revivir la historia del tren en Puerto Rico, es lo que hace el grupo Amigos del Tren de Isabela (ATI), una corporación sin fines de lucro que busca tocar las mentes de futuras generaciones para rescatar, preservar, fomentar, transmitir y dar a conocer la historia del tren, especialmente en el pueblo de Isabela.

Cuando me llegó la invitación por Facebook para irme de excursión con ellos, desempolvé mis tenis. Hacía tiempo que no ejercitaba mi cuerpo y me dije: “esta aventura es para mí”. Decidí conocer esos lugares por donde transitaba el antiguo ferrocarril de San Juan a Ponce.

Son el Puente Blanco, Puente La Bellaca, Túnel Oscuro (negro), Túnel de Guajataca y Túnel Pluvial de la Quebrada del Toro los lugares del recorrido. Honestamente, del único que había escuchado es del Túnel de Guajataca, de lo demás no tenía ni idea.

Así es que me vestí cómodo, con pantalones cortos y camiseta. Cargué el bulto con mi bloqueador solar, bastante agua, una merienda y me puse la gorra porque el día iba a ser largo.

Cerca de las ocho de la mañana llegamos al lugar de nuestro encuentro. En la calle marginal, frente a una ferretería que ubica en la carreta PR-2 en Quebradillas, ya se encontraba Víctor Díaz, presidente de Amigos del Tren de Isabela, quien puntualmente comenzó a dar las instrucciones a seguir durante el trayecto.

Aunque la excursión es gratis, saqué mi donativo para ayudar en la construcción y habilitación del Museo del Tren, un ambicioso proyecto que se pretende levantar en Isabela.

Desde que Díaz comenzó hablar con voz firme y amplio vocabulario, supe que estaba frente a un erudito en la historia ferroviaria puertorriqueña.

Nuestra primera parada: el puente La Bellaca.

El camino hacia el puente es un poco estrecho y relativamente cerca de la carretera.  Víctor explicó que el nombre responde a la quebrada que así se llama, y que recorre a 125 pies por debajo de la estructura.  Los españoles colonizadores de la época, la bautizaron así. En su vocablo, “bellaca” significaba que era fuerte. Como la quebrada se ponía muy brava, el nombre les pareció adecuado para identificarla.

El interprete destacó que para la década del 1980, la autoridad de acueductos y alcantarillados construyó el puente con el propósito de transportar líquidos.  Desde el lugar se puede apreciar una impresionante vista de la vegetación. ¡Simplemente hermoso! Los cimientos y pilotes del actual puente son los mismos del tren de la época, ahí el valor histórico que data del 1906. Todavía se puede leer el año  de su construcción incrustado en uno de estos laterales.

Estar a esta altura, desde donde también se puede observar el imponente Océano Atlántico, da una clara idea de por dónde transcurría el tren.

Segunda parada: Puente Blanco en el cañón sobre Quebrada Mala en Quebradillas.

El guía subrayó la importancia de la estructura, donde había un puente metálico que fue remplazado por uno de hormigón y que mientras se hacían los trabajos de remplazo nunca el tren de American Railroad Company, dejó de funcionar.

En 1922 culminaron los trabajos, con unos 150 pies de largo. Consiste de una hilera doble de diecisiete columnas, cada una entre la viga superior de hormigón y el arco principal.

En 1980, el puente fue reestructurado para el uso de vehículos de motor. Con esto perdió el contorno original y aceleró al deterioro. Todavía, se pueden ver sus columnas y vigas. En su arco principal, sobresale el año 1922 que está plasmado como símbolo de la historia ferroviaria.

De Puente Blanco nos dirigimos al Merendero.

El interprete nos llevó para observar desde allí al Océano Atlántico y al Túnel Guajataca a lo lejos.

Entre el puente La Bellaca y Puente Blanco llevábamos casi dos horas, así es que todos aprovechamos las instalaciones para algo más: utilizar los servicios sanitarios, sin importar que estaban en pésimas condiciones, mal olientes y bastantes sucios. Sí, esta es una de las impresiones que se lleva el turista de la de la Guarida del Pirata en Quebradillas.

Parada próxima: Túnel Negro o Túnel Oscuro.

Víctor, nos advirtió que este tramo consistía en unos veinte minutos caminando por una angosta vereda, por lo que nos aseguramos de cargar suficiente agua. Así fue. Caminamos y pudimos observar la increíble vegetación tierra adentro. Poco a poco el ruido de los automóviles que transitaban por la carretera PR-2 se fue apagando a lo lejos. Solo nos escuchábamos nosotros.

El grupo de excursionistas consistía de más de 40 personas, incluyéndome. Diversidad de gente. Jóvenes, adultos, personas de la tercera edad y algunos niños atentos, conversadores y preguntones, que con hambre de saber, colmaban a Víctor de preguntas asertivas, que me sirvieron para añadir detalles a esta crónica.

Continuó la travesía. Un árbol caído en el camino, modela el tiempo que lleva allí, arropado de tierra y las rocas del lugar que se han convertido en parte de su corteza.

Llegamos al Túnel Negro, que fue completado para el año 1906. Tiene unos 514 pies de longitud. Es tres veces más largo que el Túnel Guajataja, con 16 pies de alto y 14 pies de ancho. La longitud del túnel, junto a una estratégica geometría curva, conspiran creando total oscuridad en ciertos puntos y evita ver de un lado a otro. Murciélagos sobrevolaron a través del túnel. Quizás nuestra presencia les despertó de su habitual descanso matutino. Otros en el techo, sin embargo, ni se inmutaron y continuaron colgando.

Llegamos al otro lado. Un aire puro ansiaba ser inhalado. La vegetación “de película” es real y está en nuestra área oeste borincana. ¡Qué increíble no conocer de este lugar antes!

Llegamos a un lugar donde había restos de la  vía de tren, a más de 40 pies de alto. Pudimos observar desde allí parte del majestuoso Lago Guajataca.  Ya era mediodía, pero el clima aún en ese lugar era fresco.

Emprendimos el viaje de regreso. Atravesar el túnel nuevamente y caminar los 20 minutos, apretó el hambre. Víctor nos dio la buena noticia: “Vamos a tomar un descanso para el almuerzo.” Seguido de una tajante instrucción “a la 1:30 de la tarde nos vemos en la Cambija”, añadió.

Teníamos menos de una hora para almorzar. Los restaurantes de comida rápida fueron nuestra solución para calmar las tripas.

La excursión continuó en la tarde visitando La Cambija, El Túnel Guajataca y el Túnel Pluvial de la Quebrada del Toro. Este trayecto se los dejo para que lo vivan en su propia experiencia, o se los cuento en otra ocasión.

This slideshow requires JavaScript.

 

Advertisements

Leave a Reply

%d bloggers like this: