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La Isla Oeste

Un parto huracanado en medio de la carretera

Una caborrojeña dio a luz a su bebé dentro de un vehículo frente al cementerio municipal en la justa hora pico del huracán María.

2017/Foto One Red Media

Por Daileen Joan Rodríguez / Para La Isla Oeste

Cabo Rojo. Vientos huracanados azotaban meciendo el Malibu blanco, mientras Rosemary Gutierrez Cruz, de 24 años, pujaba en su interior a gritos para traer al mundo a su bebé, de apenas 36 semanas de gestación.

Afuera, en medio de la carretera 308, cerca del cementerio municipal San Miguel Arcángel de Cabo Rojo, Julio Cintrón macheteaba desesperadamente un árbol caído para abrir paso. Mientras, su suegra Rosalina Cruz Feliciano asistía a Rosemary en el parto de su nieto, con temor de que perdiera el conocimiento.

Rosemary estaba perdiendo mucha sangre. Empero, el huracán María había tomado el día a su antojo y en medio de la apoteósica emergencia solo quedaba “ampararse en la voluntad de Dios”.

Todo comenzó cerca de las 9:00 de la mañana del miércoles, 20 de septiembre, cuando Julio -padre de bebé- llegó con Rosemary a casa de doña Rosalina, quien se extrañó de verlos arribar en el carro en medio del pico del huracán.

Rosemary -su hija- estaba adelantada de parto y necesitaba que les acompañara en el vehículo porque estaba sangrando.

Se montó sin vacilar y en el trayecto, Julio tenía que hacer paradas para abrir brecha con el machete. Doña Rosalina se mantenía con su hija, sobándole el vientre. No obstante, iba y venía por momentos, cuando salía del carro para asistir a su yerno, moviendo ramas bajo la lluvia, para apartarlas del camino en un caótico escenario.

“Con ese ventarrón bien fuerte yo me iba detrás de él a mover los palos. Algunos tenían espinas”, narró.

Recorrieron varias carreteras y caminos intransitables e incluso -dijo- llegaron a un refugio, pero estaba cerrado.

A Rosemary “le dije: puja. Y si nace, lo dejas ahí quietecito, sin cortar el ombliguito”, narró la humilde ama de casa, de 52 años, destacando que era la opción en lo que encontraban ayuda.

“Yo me dije: ahora sí ¿qué vamos a hacer? Pues le dije a la nena: vamos a seguir por ahí con Dios y la Virgen. Le sobaba la barriguita… porque el dolor ese no es fácil”, acotó doña Rosalina.

Tomaron pues, el camino hacia Plan Bonito para llegar a la carretera 102 con la esperanza de que la vía principal estuviera más despejada. Pero no había paso y tuvieron que virar por el mismo camino. Entonces doña Rosalina recordó que cerca de su casa está el cuartel de Drogas Cabo Rojo y le dijo a Julio: “llega hasta ahí que ellos no se pueden negar”.

Eran cerca de las 10:30 de la mañana cuando tocaron a la puerta del cuartel de la División de Drogas Cabo Rojo en Puerto Real.

“Fuimos. Ellos no saben de parto pero hablaron (por radio) para pedir ambulancia. La Policía no podía hacer nada. El bebé estaba muy alto. Ella pujaba y pujaba, pero la esbarataba todita. Entonces el guardia nos escoltó”, recordó doña Rosalina.

En efecto, el agente José Miguel Vázquez Cáceres, narró el momento en que llegaron al cuartel.

“Ella llega a la División de Drogas y me dice: Vázquez, la nena me está pariendo. Parece que la situación del huracán hizo que se adelantara. Yo le digo a una compañera -a Olga (Pérez), de (la Unidad de) Drogas- que la atienda. Pero ella me dice: Vázquez, está difícil. Se puede morir porque se está desangrando”, narró el agente estatal.

En esos momentos, doña Rosalina les deja saber que su hija había perdido un bebé en el pasado, haciendo constar el peligro de ambas vidas. De manera que, el agente Vázquez Cáceres y el agente Waldemar Valle Valentín pidieron a su superior permiso para salir a escoltar a los puertorealeños hasta el hospital Metropolitano en Cabo Rojo.

Iban abriendo camino. Vázquez Cáceres manejaba la patrulla acompañado de Valle Valentín. Cuando había que detenerse por obstáculos en la carretera, Valle Valentín se bajaba de la patrulla para asistir a Julio, quien sumido en la adrenalina, no descansaba el machete para abrir brecha.

“Pero nos cayó un palo encima y nos rompió el biombo y le dio en el hombro a Waldemar”, narró Vázquez Cáceres.

Lograron sacar de en medio de la vía hasta cinco árboles. Cayeron en baches, de rodilla, se intercambiaron machete… “fue una odisea de casi 45 minutos”.

Llegando cerca del cementerio municipal, se encontraron con otro árbol caído. Julio se bajó para machetear y Valle Valentín hizo lo mismo. Vázquez Cáceres asegura que la Patrulla casi se levantaba con la furia del viento.

Fue cuando Rosalina les grita desde el carro: ¡Se le salió la cabeza! Valle Valentín no vaciló en acudir y cuando llegó al carro vio que en efecto el bebé venía. Relata el agente -todavía con erizados vellos- que “fue la experiencia más inolvidable”.

“Le dije: voy a contar uno, dos… tres… le puse la mano en la barriga y el bebé salió, ¡me cayó en la mano! Yo le puse la mano en la espalda y cuando lo viré, rompió a llorar. Le dije: ya naciste, bienvenido a este mundo”, narró Valle Valentín, todavía con la emoción del momento en sus ojos y garganta.

El huracán reclamaba el aire. Valle Valentín seguido le comunicó a Julio: “ya eres papá”. Julio, alegre pero afanado, continuó macheteando para proseguir el camino. Allí, cerca del cementerio, la vida desafió a la muerte trayendo al mundo a su hijo.

En eso llegaron el paramédico Orlando Rivera y José Crespi, director de Emergencias Médicas Municipal, junto al sargento Frank Ramírez y el teniente Ángel Méndez de la Policía Municipal, que habían mantenido comunicación por radio para rescatarlos en un vehículo Hummer.

En medio de la torrencial lluvia y las ráfagas huracanadas de María sacaron a la recién parida en una tabla-camilla. El agua les llegaba hasta las rodillas, porque estaban cerca de una zanja. Pasaron a Rosemary y al bebé en su pecho, por encima del árbol caído, hasta montarlos en el vehículo oficial para llevarla al hospital.

Misión cumplida, después de encomendarse a Dios y arriesgar sus vidas para salvar y proteger a otras, ambos policías estatales se regresaron al cuartel con Julio para tomarle los datos correspondientes.

De igual forma, el personal municipal cumplió su misión llegando al hospital Metropolitano con la madre y su bebé, donde personal médico les estabilizó.

No fue hasta entrada la tarde que pudieron ser trasladados hasta el Hospital La Concepción, donde el ginecólogo obstetra José Alemar Ulloa, les recibió para continuar sus exámenes de rigor.

El médico estaba de turno ese día, atendiendo emergencias de otras embarazadas que venían durante el evento atmosférico. “Ella es mi paciente de oficina, por cierto, dijo el Dr. Alemar Ulloa, quien recibió a Rosemary a las 6:20 de la tarde, en la sala de maternidad del hospital La Concepción.

“Bebé y mamá están bien, estables. Fue un bebé de 36 semanas pero está clínicamente bien y la mamá también”, acotó el galeno, atento a darles seguimiento por unos días.

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Hoy, pasada la pesadilla, doña Rosemary recuerda atónita las casi cuatro horas que estuvo su hija pujando en el carro. “Esta experiencia fue muy fuerte este año. Y yo no esperaba que mi hija fuera a dar a luz. Gracias a Dios el bebé está está sano… ¡Eso fue una felicidad!”, dijo la ahora abuela de tres.

Con la voz aguantada en la garganta doña Rosalina todavía describe su experiencia en medio del huracán María. El viento soplando despiadadamente, el bebé reclamando venir al mundo, luchando en el vientre de Rosemary, quien perdía cada vez más sangre. “Uno sufriendo también… porque no es fácil. Pero Gracias a Dios el bebé está bien. A todos les damos muchas gracias”, reitera.

“Cuando el nene sea grande le vamos a decir: naciste en el carro, con abuelita y el guardia que lo ayudó -que tenemos que estar bien agradecidos de él- y María el huracán, que no fue fácil”, subrayó.

Mientras, Rosemary afirma que “fue difícil”. “Lo único que puedo decir es que el dolor era muy fuerte. Pujé”, cuenta la madre recién parida y de pocas palabras, no sin dejar fuera de su relato a Julio, el padre del bebé, de quien dijo “también es un campeón”. Julio no quiso hacer más expresiones.

Al recordar el momento en que sostuvo finalmente a su hijo en brazos, Rosemary dijo se sintió “feliz… maravilloso, eso fue maravilloso”,añadió.

El varoncito pesó 6.2 libras y midió 17 pulgadas.
Se va a llamar Rayner Yandel.

A sus héroes y heroínas en la Policía Estatal y Municipal, así como a los de Emergencias Médicas, Rosemary les dice “gracias por todo, por ayudarnos en todo momento”.

El alcalde Roberto Ramírez Kurtz anunció y celebró el nacimiento del primer caborrojeño en cuatro décadas, puesto que ahora todos los partos son referidos a los hospitales en San Germán y Mayagüez, con salas especializadas en Maternidad.

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