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La Isla Oeste

Causa para juicio contra acusado de asesinar a teniente sangermeña

Rosado Arroyo exclamó en sala estremecido y se contorsionó cuando escuchó la narración del agente investigador que detalló las heridas que recibió la víctima.

2018 / One Red Media

Por Daileen Joan Rodríguez / La Isla Oeste

Mayagüez. Héctor Rosado Arroyo se quebró en la Sala de la jueza Ivelisse Zapata Toro, por la impresión que le causó escuchar el testimonio del agente Julio Rosario mientras narraba las heridas de muerte que le infligió a su expareja, la Teniente I Aida Irizarry Torres.

El agente Rosario fue el último de los testigos de cargo durante la vista preliminar, celebrada hoy desde la Sala 305 en el Tribunal de Mayagüez.

El testigo -agente investigador del CIC en la División de Homicidios- narraba que la víctima presentaba heridas en el cuello, pecho, senos, costado, dedos y que incluso había cabello de ella picado en el suelo.

Fue cuando Rosado Arroyo exclamó en sala estremecido y se contorsionó. La Juez ordenó un receso y a su regreso se le veía cabizbajo y con mirada perdida. Cuando la magistrada le indicó que proseguirían el caso, no respondía. Solo decía Aida… Aida… Aida…

Luego de pasar la prueba la jueza Zapata Toro determinó causa para juicio por los delitos de asesinato en primer grado, Ley de Armas y violencia doméstica agravada.

Los hechos ocurrieron en la tarde del 19 de marzo, en la residencia de la víctima en la urbanización Valle Verde, calle 2 B23. El agresor confesó los hechos.

Dos vecinos de la teniente narraron desde la silla de testigos cómo estremecieron en la calle los gritos de auxilio y dolor.

Los testimonios de Joseph S. Cruz y Sonia Collado Santiago, establecieron que la teniente murió a la entrada de su casa y que el asesino fue un hombre.

A preguntas del fiscal Esteban Miranda la vecina Sonia Collado Santiago, detalló cómo presenció el instante cuando la Teniente era atacada por un hombre -vestido con camisa gris de manga larga- a quien pudo ver con su mano levantada, como atacándola.

La mujer narró que salía por el balcón de su casa de camino al supermercado, cuando al abrir su carro para montarse escuchó “un grito fuerte que venía de casa de Aida”.

“Escuché el grito. Había metido la llave al carro y me sentaba en el carro (cuando) escuché otro grito más fuerte. Era un grito desgarrador. Me bajé del auto y miré a casa de Aida. Subí al balcón y vi a un hombre con la mano levantada. Para mí le estaba dando a ella”, narró la testigo, que dijo no haber podido distinguir el rostro del sospechoso porque sufre de una condición en los ojos que le impide ver imágenes claras.

Prosiguió diciendo que en un momento dejó de verla y pensó que se había desmayado (el carro de la teniente obstruía la visibilidad). Después lo dejó de ver a él e imaginó que él la estaba tratando de levantar del suelo, dijo. Entonces entró a su casa para llamar a la policía.

Al rato llegaron una ambulancia y una patrulla. La teniente Janice Vega, del Distrito de San Germán declaró que el arma hallada en la escena fue un cuchillo de cabo blanco.

La hija de la víctima, Zairette Santiago Irizarry, declaró cómo fue la relación que tenía Rosado Arroyo con su mamá. Habían convivido juntos, pero en un momento dejaron de ser pareja.

A preguntas de la Defensa, el licenciado Carlos Torres Viada, la hija de la teniente reconoció que su madre había solicitado el ingreso de Rosado Arroyo a una institución por problemas de salud mental.

Cuando el abogado contrainterrogó al agente investigador, estableció que ese mismo día del crimen, Rosado Arroyo tenía una cinta en la mano que lo identificaba de haber estado ingresado en un hospital.

Fuentes indican que el padre del acusado, Juan Rosado, había solicitado días antes una orden 408 para el ingreso involuntario de su hijo al hospital psiquiátrico Metropolitano en Cabo Rojo por depresión severa.

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