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La Isla Oeste

La despiden como a una faraona en Añasco

Su despedida de este mundo, sin duda quedó en el recuerdo de muchos y le alcanzó la inmortalidad.

Suministrada

Por Daileen Joan Rodríguez / La Isla Oeste

Añasco. Había muerto cuatro veces, entre intervenciones médicas, por complicaciones en el corazón, pero la lograron resucitar en el hospital. Finalmente la muerte le venció con un paro respiratorio sin haber logrado su sueño mayor: visitar Egipto, sentir la energía de sus tierras y conocer de cerca a las misteriosas pirámides.

Empero, sus 18 hijos se encargaron de que sus restos descansen en paz, rindiéndole una despedida como ella lo había pedido en vida. Hoy, Ángela Concepción Méndez es sepultada en el Cementerio de Añasco, vestida de faraona.

Durante su velatorio en la capilla de la Funeraria Jalvin de Añasco, decenas de personas desfilaron frente a su féretro para decirle adiós a la matriarca que hasta sus 76 años mantuvo pasión por la cultura egipcia.

“Ella fue una faraona”, afirmó uno de sus hijos, Eduardo Arroyo Concepción, con quien concurre su hermana Adamary. “Nos sacó adelante a todos. Así es como ella quiso (que la velaran) y así le cumplimos el deseo”, acotó la hija, satisfecha de haber apoyado a su madre en su afición a Egipto.

Ataviada con el atuendo que alimentó su ilusión de verse como una reina semidiosa del antiguo Egipto, lució en su ataúd el simbólico tocado nemes cubriéndole la cabeza. En sus manos una copa dorada y otros adornos alusivos a las vestiduras típicas de esa cultura que abrazó en vida, sueños y ahora en “el mas allá”.

“Ella iba a viajar a Egipto, pero el cardiólogo no la dejó”, mencionó Eduardo. “Pero ahora puede viajar…” acotó, haciendo referencia a su alma.

En la puerta de su féretro leía: Amada madre tu presencia extrañaremos; Tu memoria atesoraremos;  Siempre te amaremos; Nunca te olvidaremos. Decenas de fotos de familia “le observaban” a su costado junto a un crucifijo que también da fe de su doctrina cristiana, al igual que el Rosario perlado que amarra sus manos inertes decoradas con sortijas exóticas en forma de escarabajo, símbolo de la resurrección y la vida eterna para los egipcios.

Atrás quedan sus objetos, bisutería y figurillas con motivos de esa cultura, los que fue poco a poco empacando de su residencia en Quebrada Larga en Añasco, colección que ahora guarda su hijo Eduardo.

En sus últimos años, Ángela se dedicó a dibujar y pintar imágenes de esfinges, pirámides y deidades egipcias, entre otras simbologías relacionadas.

A esta Madre Ejemplar añasqueña le sobreviven 18 hijos y una treintena de nietos y biznietos. Su despedida de este mundo, sin duda quedó en el recuerdo de muchos y le alcanzó la inmortalidad.

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