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La Isla Oeste

COMENTARIO: Seis a favor, Trump en contra

El autor es estudiante de Ingeniería Química de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez.

La icónica imagen que compartió la canciller alemana, Angela Merkel, durante la cumbre del G7, engloba perfectamente las posturas internacionales respecto a la acción climática necesaria: seis a favor, Trump en contra. Foto: bundeskanzlerin, Instagram

Por Gabriel Pacheco Santa

Este mes se cumple el primer aniversario desde que el presidente de los Estados Unidos diera el paso más agigantado en la historia diplomática de su país en contra del medio ambiente. Hace poco más de un año, Donald Trump retiró unilateralmente a la nación norteamericana del pacto climático más importante de la edad moderna: el Acuerdo Climático de París.

A solo meses de este revés, el segundo emisor de gases de invernadero más grande del planeta se quedó solo bajo el escrutinio internacional, ya que los últimos dos países que quedaban por firmar el acuerdo, Siria y Nicaragua, lo hicieron antes de que cerrara el 2017.

Aunque aislado del resto del mundo, el presidente estadounidense no tuvo que lidiar con el contragolpe diplomáticode su retroceso climático hasta el pasado fin de semana, cuando se reuniócon los lideres de otras seis naciones industrializadas para celebrar la Cumbre número 44 del Grupo de Siete, celebrada en Canadá a principios de junio.

El G7, compuesto por las siete economías desarrolladas más grandes del mundo y dueñas de gran parte de sus riquezas, se reúne anualmente para discutir políticas y acordar medidas que mitiguen el impacto de su actividad económica, entre otros temas de interés internacional. Hasta el 2016, todos los jefes de estados del Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón, Canadá y, por supuesto, Estados Unidos reconocían una verdad ineludible: el cambio climático es real. Sin embargo, el nuevo presidente estadounidense no comparte esa visión.

En algún momento durante la cumbre, Trump debería sentarse junto a esos otros seis mandatarios mundiales, mirarlos fijamente a los ojos y explicarles sus razones para no creer en el cambio climático y negar la responsabilidad de su nacióndelidiar con él.

De hecho, tuvo dos oportunidades para rendir cuentas o al menos aportar desde el exilio ambiental, pero no lo hizo. El presidente Trump encontró la forma de ausentarse a las tres sesiones,celebrados durante la cumbre, acerca del cambio climático, la energía limpia y los océanos.

En otras palabras, el primer ejecutivo estadounidense se ausentó a la mitad de las sesiones de trabajo, dejando plantados no una ni dos, sino TRES veces a la canciller de Alemania Angela Merkel; al presidente de Francia Emmanuel Macron; al primer ministro de Japón Shinzo Abe; a la primera ministra del Reino Unido Theresa May; al primer ministro de Italia Giuseppe Conte; y al primer ministro de Canadá y anfitrión del G7, Justin Trudeau.

Estos lideres son los aliados más grandes de Estados Unidos y solo vieron a su presidente para discutir comercio y seguridad nacional – las únicas prioridades en la agenda del primer ejecutivo estadounidense, aparentemente.No es sorpresa entonces, que la delegación estadounidense no se suscribiera al Plan para Océanos Saludables, Mares y Comunidades Costeras Resilientes que produjo el G7 menos Trump.

El plan detalla un marco de referencia para reducir la contaminación plástica de los cuerpos de agua, la cuál afecta a los casi 328 habitantes de los 50 estados de la nación y a los casi cuatro millones de residentes en sus cinco territorios no incorporados, entre los que se encuentra Puerto Rico. más de tres millones de residentes de Puerto Rico.

Pese a la nobleza de esta causa y su carencia de ataduras, adscribirse al plan muestra unidad entre los integrantes de este prestigioso grupo de naciones. Sin embargo, Trump consideró que apoyar cualquier medida en contra del cambio climático resultaría nocivo a su estrategia política al otro lado de los Grandes Lagos, sin importa su nivel de contaminación.

Para el presidente, haber asistido a estos eventos pudo haber instado el rechazo de su base de votantes, pero ausentarse resultó siendo una vergüenza para toda la nación. Adscribirse a las exigencias de este nuevo plan para los océanos hubiera sido un acto de hipocresía, ya que Trump desconfía de toda evidencia que sustente el cambio climático, pero no hacerlo resultó ser caprichoso. Desde cualquier ángulo que se mire, sus decisiones hubieran resultado dañinas a su imagen o la de su nación.

He aquí la embarazosa situación del primer mandatario estadounidense. Al igual que le ocurrió con el Acuerdo de París, del cuál EE. UU. no puede retirarse oficialmente hasta el 2020, ser el segundo emisor mas contundente de gases de invernadero siempre lo pondrán en el centro de todas las discusiones sobre el cambio climático, lo quiera Trump o no.

Sin embargo, está en sus manos concluir si sus números en las encuestas son más importantes que la reputación de los Estados Unidos en la escala global. Igualmente, es su decisión si Estados Unidos obstaculizará o liderará a sus más grandes aliados en el camino al desarrollo sostenible que el mundo urgentemente necesita.

El autor es estudiante de Ingeniería Química de la Universidad de Puerto Rico – Recinto de Mayagüez

 
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