La Isla Oeste

“A jugar pa’l monte”; el gallero más longevo apuesta a la Jugada de la Candelaria

A sus 99 años, Don Manolito es uno de pocos galleros en Puerto Rico que ha vivido las jugadas de gallo del clandestinaje al clandestinaje.

2019 / One Red Media

Por Daileen Joan Rodríguez / La Isla Oeste

Mayagüez. Con mente clara y calmada voz, Don Manuel Andrés Pérez Sotomayor me miró a los ojos y dijo airoso: “Yo estoy jugando gallos hace 95 años”.

Don Manolito -como le conocen en el pueblo- es el legislador municipal más longevo de la Asamblea Municipal de Mayagüez. Al día de hoy, piensa que es el único gallero vivo de aquellos jugadores clandestinos a quienes las autoridades de antaño corrieron y persiguieron, cuando las peleas de gallo eran prohibidas en Puerto Rico.

En medio de la vorágine que impacta a la industria gallística en la Isla -luego de enmendada la Ley de Agricultura federal que prohíbe las peleas de gallo en los territorios de Estados Unidos- Don Manolito recuerda con nostalgia aquel momento en que el legislador mayagüezano Rafael Martínez Nadal presentó el proyecto de ley que legalizó las peleas de gallo en 1933, bajo la gobernanza de Robert Gore, quien declaró entonces las peleas de gallos como un Deporte Oficial en Puerto Rico.

Todavía perdura en su sana memoria cuando Martínez Nadal cambió la situación de los galleros en la Isla. “Firmó la ley de gallos con una pluma de gallo; que se llamaba “Justicia”, narró en entrevista con La Isla Oeste.

2019 / One Red Media

“Hay dos personas en Mayagüez que son inmortales de ese deporte: uno se llamó Rafael Martínez Nadal y el otro Manuel A. Pérez Sotomayor (él mismo)”, dijo con cierta modestia.

Gallero a los 4 años

“Papito tenía una gallerita de campo, el redondel era de saco y era clandestina”, recordó el nonagenario con nostalgia. Para entonces echaban entre siete y ocho correas y se jugaba con reales (moneda equivalente a 12 centavos y medio), señaló.

“Yo tenía un gallito “giro” (de plumas negras y amarillosas) a los cuatro años. Se llamaba León. Lo eché a pelear. Perdió y estuve llorando toda la tarde”, dijo sumido en el recuerdo de su papá.

Desde aquel día, Pérez Sotomayor tuvo gallos, crió gallos y se desvivió por el deporte. Recuerda cuando empezó a trabajar como inspector de colonos en la Central Igualdad, y los colonos iban a ver sus gallos, a los que mantenía sueltos.

Corridas bajo el clandestinaje

En una ocasión, jugaba clandestinamente en una casa en el barrio Balboa, cuando la policía llegó y dispersó el círculo, corriendo a quienes pudiera alcanzar.

“El policía me corrió … me trató de coger, pero el río había crecido y yo me tiré al río y el guardia no me pudo coger”, dijo, trayendo al presente cuando las jugadas se daban los sábados –también en el barrio Paris- y hasta los hombres de familias “pudientes” encabezaban las listas de galleros.

“El asunto es que como estaban prohibidas, se jugaba en el campo. En casa había un palo (árbol) de pana bien alto. Ahí se ponía un hombre con un casco de caracol (fotuto) y tocaba (soplándolo). Y así se sabía que venía la guardia y se desaparecía todo el mundo”, narró.

Socio fundador de la Gallera La Candelaria

Don Manolito es uno de los socios fundadores de la Jugada de La Candelaria que dio paso a la gallera que lleva el mismo nombre.

“Esa gallera se hizo en el 1997. La hizo el señor José Morales, mejor conocido como Trifón. El la empezó, pero después, lo que hizo fue arrendarla por $12 mil dólares anuales”, La gallera siguió funcionando bajo el Club Gallístico del Oeste. “Nosotros éramos 30 personas más o menos”, acotó.

En el 2003 el Municipio de Mayagüez compró la gallera por $348,000 con la intensión de crear un coliseo gallístico en la carretera 348, en terrenos de William Bilbao. “Yo  estuve presente cuando se hizo la compra”, recordó.

Desde entonces, la Gallera La Candelaria operaba una temporada entre el 1 de noviembre al 31 de agosto del siguiente año. Por dos meses los gallos descansaban en lo que los galleros escogían y preparaban los pollos que pelarían durante la temporada entrante.

“En aquel tiempo nosotros jugábamos como 35 peleas de gallos los domingos. Pero también jugábamos un día en la semana, a mediados (miércoles o jueves)”, dijo, estimando un total de 350 jugadas semanales. “Venían de todas partes de la isla y teníamos el Torneo de La Candelaria –que ahora viene (en febrero)- que se empezó cuando se hizo la primera gallera en Mayagüez (1935) en el ensanche Ramírez”, acotó, detallando que ubicaba en terrenos de William Ramírez, frente a lo que es hoy la Escuela Vocacional de Mayagüez.

“La Jugada de La Candelaria tiene 84 años”, calculó de facto el veterano gallero, recordando que en el 1937, la Gallera La Candelaria pasó a manos de Julio Matos, un ganadero que mantuvo las operaciones hasta el lugar (donde ubica hoy la Ricomini de la Calle Candelaria) se tornó en un sitio de baile. Para entonces la Jugada de La Candelaria operaba bajo una asociación cuyos socios aportaban $100 cada uno.  Actualmente unos 15 socios aportan $1,500, los que sirven para arrendamiento y mantenimiento de las instalaciones.

 “Siempre ha sido un deporte”

Pese a que algunas personas contradicen el término “deporte” que aborda a las jugadas de gallo, Don Manolito aclara que “donde tú haces una inversión y gastas más de lo que recibes, tiene que ser deporte, porque no hay negocio.

“A esa jugada La Candelaria venía gente de toda la Isla. Imagínese si era deporte, que los gallos que iban a jugar con los míos, se quedaban en casa a dormir. O sea, que no había eso de robar uno a otro ¡no! Salían y jugaban como amigos. Por eso es el “deporte de los caballeros”, acotó. “Uno no se tenía que levantar a cobrar (al socio perdedor). Venía el hombre a pagarle (al que ganaba). Y si había algún buscón, lo eliminábamos; lo declarábamos “estorbo público”, narró jocosamente.

¿Cómo usted piensa que van a comportarse ahora los galleros con la nueva prohibición de jugadas en Puerto Rico?, le pregunté. “Pues a jugar en el monte”, despachó.

Las peleas de gallos llegaron a Puerto Rico a través de los españoles, pero no es hasta el 5 de abril de 1770, que se promulga oficialmente el deporte en  la Isla, mediante un decreto del Gobernador español Don Miguel de Muesas.  En el 1776, el Gobernador José Dufresne prohibió las peleas, con el pretexto de que los obreros y trabajadores no ejercían bien sus oficios debido a la gran atención que éstos brindaban a las jugadas.  Sin embargo, el pueblo continuó jugando de manera clandestina.  En el 1825, el primer reglamento oficial de gallos aparece bajo el mandato del español Miguel de la Torre.

El periodista Frank Gaud colaboró en esta historia.

1 Comment on “A jugar pa’l monte”; el gallero más longevo apuesta a la Jugada de la Candelaria

  1. Luis Feliu-Otero,PhD // January 29, 2019 at 7:25 pm // Reply

    Manolito, se ve 9-cito 100-mpre como un bravo gallito.

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