La Isla Oeste

“Oraban por el demonio de homosexualidad que había en mí”

Este es el primero de dos reportajes sobre los efectos de la terapia de aversión y cómo la población LGBTTQI en el oeste se ha visto afectada por estas prácticas.

Por Daileen Joan Rodríguez / La Isla Oeste

Mayagüez. Sergio es un hombre de familia. Creció relativamente feliz, como un niño al que muchos podrían catalogar “normal”. Vivió con su mamá y su papá, hasta que por diferencias entre sus padres, experimentó la ruptura de aquella unión familiar y en lo posterior vivió bajo la custodia de su papá. Hoy, Sergio tiene una profesión a la que se entrega exitosamente, una esposa que lo apoya y un hijo a quien también sacar adelante.  

Pero esta no es la historia de Sergio. Es la historia de su papá, Marcos.

Marcos conoció a la mamá de Sergio y se enamoró de ella en un momento de su vida cuando sintió atracción por el sexo femenino. Pero la realidad es que, a Marcos le gustaban ya las relaciones homosexuales. Según me cuenta, desde que tenía algunos doce años de edad ya sabía que le gustaban los varones. Incluso, sostuvo que la que fue su esposa conocía de sus preferencias sexuales.

Hoy, a sus 45 años de edad, Marcos recuerda cómo en su adolescencia se vio expuesto a lo que llaman Terapia de Conversión o Reparativa.

Según la Dra. Yaritza Bartolomei Cotto, psicóloga clínica de Migrant Health Center en Mayagüez, donde bajo el Proyecto CARIB trabaja con personas de la comunidad LGBTTQI, las terapias de conversión tratan de cambiar a personas que tienen una orientación sexual homosexual, “como si hubiera algo que arreglar”.

“Pero es que la homosexualidad no es una enfermedad. Hace más de 40 años que, del diagnóstico manual y estadístico de los trastornos mentales, un grupo de científicos y profesionales -a través de un estudio que hicieron- sacaron a la homosexualidad de la lista (de trastornos)”.


dr. Yaritza Bartolomei Cotto, psicóloga clínica

Aunque para entonces a Marcos solo le decían que iban a orar por él -por “lo pecaminoso”- hoy sabe que se trataba de una especie de “exorcismo” contra su homosexualidad, cosa que lo llevó a sentir culpa y depresión por muchos años hasta que decidió dejar aquella iglesia. “Todo era pecado, como un tipo de exorcismo con el demonio de la homosexualidad”, recordó un Marcos superado y todavía creyente de Dios.  

“Fue bien fuerte. Me quitó horas de sueño. No hubo paz en mí hasta que yo desarrollé el detalle (de pensar que) –yo soy así; este soy yo”, puntualizó un Marcos definido. “No hay forma de cambiar esto, es parte de mi”, acotó, afirmando que hasta los 17 años se mantuvo asistiendo a aquella iglesia porque era menor y no tenía otra opción.

“Yo soy ‘HSH’ (hombre que tiene sexo con hombres). Mis padres fueron fundamentalistas, ¿y sabes qué? Nunca tuve el rechazo de mis padres”, afirmó. “Tuve ese detalle, por lo menos, en mi vida personal”, añadió, liberando a sus padres de cualquier trauma que vivió para entonces, porque reconoce que ellos no lo obligaban a ir a la iglesia.

Para Marcos, las terapias de conversión lo que provocan en la comunidad homosexual es rebelión, tristeza y depresión. Por ello, favorece el proyecto del Senado 1000, que que convertiría en delito practicar la terapia de conversión, también conocidas como reparativas, a menores de edad. La pieza legislativa, es de la autoría de los senadores Bhatia Gautier, Juan  Dalmau Ramírez, Miguel Pereira Castillo y Zoe Laboy Alvarado.

Desde 2006 el uso de la terapia de aversión se considera una violación de los códigos de conducta profesional del la American Psychological Association y la American Psychiatric Association. El uso de la terapia de aversión contra la homosexualidad es ilegal en algunos países.

¿Familia “atípica”?

Marcos se reitera en que su homosexualidad no definió las preferencias sexuales de su hijo.

“Conozco a otras personas que han estado expuestas a este tipo de terapias de conversión. De hecho tengo un familiar cercano que lleva tiempo en eso, como yo, que pasé por un tipo de terapia con oración, intervenciones por lo ‘pecaminoso’ y homosexual”, dijo.

Luego de divorciarse, mientras criaba solo a su hijo Sergio, Marcos se enamoró de otro hombre con quien mantuvo relación sentimental por ocho años, tiempo en que Sergio estuvo consciente de que su papá se quería con otro varón. Marcos afirma que eso no trastornó en nada la heterosexualidad de su hijo, pues una vez se independizó, este se casó con una mujer y ya le convirtió en abuelo.

“Los padres homosexuales podemos criar hijos”, puntualizó. “Mi hijo es un ejemplo, pues es heterosexual. No tiene ningún tipo de prejuicios y es una persona íntegra”, subrayó.

Nota: Los personajes protagónicos de esta historia son reales pero se han utilizado nombres ficticios para proteger su identidad según solicitado.

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