La Isla Oeste

Don Eduardo: Más de cuatro décadas como barbero

Don Eduardo es un pepiniano queha visto con nostalgia cómo poco a poco su profesiónha cambiado con el paso de los años. ¡Conócelo!

Foto por Luis Joel Méndez González

Por Luis Joel Méndez González / Para La Isla Oeste

Don Eduardo González Castro, ha recortado a tijerazos a importantes figuras políticas tales como Salvador Acevedo, padre del exgobernador Aníbal Acevedo Vila; Rubén Berrios, destacado líder del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP); así como también hijos de fulanos, como el vecino de al lado.

Nacido en el 1959, en el barrio Mamey, de San Sebastián, ha entregado más de cuatro décadas de su vidaa la barbería. Y es que, apenas graduado de la Escuela Manuel Méndez Liciaga, en el 1978, en lugar de cursar estudios universitarios, tomó la decisión de dedicar su vida de lleno a afinar patillas.

“Yo era un adolescente cuando comencé en esto”, dijo el hombre, hijo de una mujer graduada de la Universidad de Nueva York y de un mecánico dentista con experiencia previa en la milicia. Por lo que “(una vez me gradué de cuarto año), estaba entre tres y dos; no sabía qué estudiar”.

Don Eduardo González Castro / Foto por Luis Joel Méndez González

Mientras sembraba caña -en lo que dilucidaba hacia qué rumbo dirigirse-conoció al exalcalde de San Sebastián, Silverio “Yeyo” Salas, reconocido por ser dueño de una famosa peluquería ubicada en el casco urbano. Poco a poco se pulió de su mano, llegando así a establecer su primera barbería en la calle Manuel Méndez Liciaga, ubicada en el casco urbano de “Las Vegas del Pepino”.

En ella, recortó durante 27 años tanto a hombres como mujeres quienes se daban la vuelta interesados por la “Barberia Castro”, al ser en aquel momento, una de las pocas en el municipio en aceptar a clientes de ambos géneros.

Foto por Luis Joel Méndez González

“A la barbería venían doctores, abogados, pobres y jíbaros del campo. Siempre recortaba a un abogado criminalista que era bien importante y tenía su oficina en el pueblo, del que aprendí derecho”, agregó el Don Eduardo, padre de tres adultas. 

Igualmente memoró que, en un pasado, los barberos tendían a sintonizar la radio para informarse de todo aquello que acontecía durante el día; mientras sus clientes leían el periódico sentados o parados a la espera de ser llamados.

“Eso no era como ahora que ponen música a todo volumen”, esbozó mientras miraba con nostalgia los libros en una esquina apiñados, que, con colores variados, decoraban las paredes de la nueva barbería en la que actualmente se encuentra localizado.

Y es que, luego de su clientela envejecer con el paso de los años, no le quedó de otra que mudar su pequeño negocio al primer nivel de la vivienda en la que se crió junto a sus cinco hermanos, más abajo, en la calle Ipólito Castro.

Calle Hipólito Castro / Foto por Luis Joel Méndez González

“Miraba a todos lados según movía sus manos de manera un tanto inconsciente. Observaba con sus ojos cansados hacia la carretera que conducía cuesta abajo, a través de los cristales cubiertos con rejas; invadidos por columnas en las que yacían pegadas fotos de sus más preciados recuerdos.

“Los jóvenes de ahora se recortan con los jóvenes, no con los viejos. Ahora las barberías están ubicadas fuera del casco urbano; (cuando) antes era un orgullo decir: ‘Yo soy jibaro, pero me recorto en el pueblo”, acotó.

“Yo por eso quisiera morirme ahí sentado, tranquilito”, puntualizó con su mirada puesta sobre una butaca negra en la que, seguramente, se han sentado muchos de los que sus manos han acicalado.

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