La Isla Oeste

Valentía para cada día

Por Vionette Pietri, J.D.

Cuando era niña me pasaba correteando por todo el largo pasillo de la casa de mi abuela Virginia. Me encantaba seguirla en su bello e inmenso jardín. Ella me decía que parecía un pajarito revoloteando alrededor de ella. Recuerdo escucharla decirme: “Muchacha te vas a cansar de seguirme”. Lo mencionaba porque ella era muy enérgica y nunca se cansaba de echarle agua a sus plantas, de limpiar, y de cocinar los más deliciosos manjares

Nosotras fuimos cómplices desde que yo era una niña. Me guardaba en cierta parte de la nevera el delicioso dulce de acerola que preparaba (mi preferido), los ricos mangos del árbol de su patio en tacitas, me consentía con mi comida preferida. Me secaba las lágrimas y me llenaba de amor y fuerzas,  cuando sanaba mis heridas de abuso sexual infantil. En la adolescencia me tocó retornar a su mágico hogar. Como tantas otras veces en mi vida. Siempre me esperaba con los brazos abiertos, sin cuestionar, ni juzgar, solamente amándome. No habia que avisarle. Solo llegar a sus brazos protectores. La extrano cada dia de mi vida, y a mi maravillosa madre también.

Los abuelos  definitivamente son algo aparte. Yo tuve el privilegio de ser la nieta preferida de mi abuela. Ella me enseñó a tener valentía para cada día, No entendía sus lágrimas cuando yo tan emocionada y feliz, me despedía para independizarme en mi propio apartamento.

Ahora que mi sobrina/ahijada Raisa comienza una nueva vida en otro estado, a más de 12 horas de mi, entiendo esas lágrimas. Entiendo que el amor a veces es egoísta. El mio por mi ahijada lo es. Como también, el de ella por mi lo era cuando niña, pues nunca permitió que tuviese otro ahijado que no fuese ella. Ahora, mi mini ahijadita aparte de ella, es su preciosa hija Mia. Cuando me dio la noticia de que su esposo se activaba en su carrera militar y se irían para otro estado, me deprimí. Su madre, mi hermana Nadine, se la pasa dándome apoyo moral, en vez de yo darselo a ella. La vida me regaló la mejor ahijada del mundo. Siempre le digo a mi hermana que ser la madrina de su hija es la encomienda más importante de mi vida.

Tuve la gran bendición de que se relocalizara en la Florida desde Puerto Rico hace cinco años. No pensaba tendría que separarme de ella. No estaba preparada. Ella que tiene tantos detalles conmigo, que me consiente, y une siempre a la familia. Voy a extrañar mucho a sus hijos que me adoran. Ahora que se va en varias semanas, entiendo la tristeza en la mirada de mi abuela, o de mis padres al despedirme, cuando viajaba a verlos a la isla, pues tenía una vida en los Estados Unidos. Se aleja mi compañera de aventuras desde niña. Debo entender que le toca vivir sus propias aventuras. Y a mi me toca dejarla ir.

A veces damos por sentado tantas cosas. Pensamos que vamos a durar para siempre, o que vamos a tener cerca las personas que amamos, pero la realidad puede ser otra. Por eso, en esta columna te invito a que llames a esa persona que tanto amas, a esa abuela, tía, madre, hermano, y mantengas comunicación continua. A que los visites, aunque eso equivalga montarte en un avión. La vida es tan corta, no la desaproveches.

Hace 15 años que vivo en la Florida, y llamo a mi padre todos los días. Cuando lo olvido o pasa algo que no lo llamo, se pone muy triste. Una llamada, una visita, un mensaje de texto, puede alegrar tanto a seres que amamos, y que en ocasiones se sienten solitarios. No debemos olvidar a los que dieron todo por nosotros. 

Por mi parte, le deseo a mi muñeca que tenga valentía para cada día. Que se de el lugar que merece como madre, esposa, profesional,  y sobretodo como mujer.

La autora es abogada, conferencista internacional, agente de bienes raíces en la Florida, y directora de la Fundación Baila Corazón . Visita: www.latinasempowerment.com

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