La Isla Oeste

La soledad y el adulto mayor

Ada Padró / Gerontóloga, CGG/Mediadora en Conflictos

Por Ada M. Padró González

Estar solo y sentirse solo son dos vocablos parecidos, pero no significan lo mismo. Una de las paradojas o contradicciones de nuestros tiempos, es la de sentirse solo en medio de la muchedumbre. Como muy bien lo han establecido algunos autores especializados, “la muchedumbre solitaria” es un fenómeno social cada vez más extendido. Somos parte de una “masa”, de un “pueblo”, de un “público”, en anonimato y moldeados por la propaganda.

Pero la realidad suele ser mucho más dolorosa.  Un grupo significativo de personas se sienten enormemente perdidos, olvidados e ignorados dentro de esa misma muchedumbre.  La soledad, en cualquiera de sus versiones, la física-material, o la psicológica, es una experiencia humana de profundas consecuencias. 

Esa soledad, como fenómeno psicosocial de esta época, se agudiza a una magnitud que impacta en la mayoría de los problemas sociales / delictivos de nuestra sociedad. El sector de los adultos mayores es uno de los que más se afecta por esta condición. La “vida loca” del joven adulto le impide a éste detenerse a reflexionar sobre la soledad de sus familiares, adultos mayores, y le imposibilita visualizar las probabilidades de que, a su vez, en su adultez mayor también saboree el amargo sabor de la soledad.

No nos referimos a los que viven solos por elección.  Se puede vivir solo, y sentirse totalmente respaldado por una red / grupo de apoyo.  Una de las muchas contradicciones que la vida nos obliga a enfrentar es el de vivir solo y sentirse acompañado – apoyado.  Como también lo es el de vivir acompañado y sentirse terriblemente solo. En muchas ocasiones, el sentirse solo a pesar de no estarlo, es una de las fuentes de angustias más avasalladoras y prevalecientes en nuestra sociedad.

Existen muchas alternativas para combatir esa sensación de soledad emocional, que nos hace sentir incompletos, inadecuados y que nos asfixia en gran medida. 

En el caso de los adultos mayores éstos experimentan una serie de perdidas que van a peso lento pero seguro. En una gran mayoría de casos el fenómeno del nido vacío y / o una jubilación para la cual nunca se estuvo listo, agravan los síntomas de depresión e inadaptabilidad a esta etapa de la vida. El efecto del “nido vacío” ocurre cuando los hijos abandonan el hogar, o cuando sobreviene la viudez.

La clave para manejar y reducir la sensación de soledad y perdida que tiñe la vida de muchos adultos mayores es mantenerse en contacto con otros y estrechar lazos con personas que nos resulten estimulantes y significativas. El grupo de apoyo es vital en esta etapa de vida.

Desgraciadamente abundan los adultos mayores viviendo en jaulas de oro, acompañados por Doña Soledad y el señor TV.  Sin mencionar el aparato ese que conocemos por teléfono o celular.

Así que si usted es un adulto mayor que experimenta tristeza y soledad, haga un esfuerzo por buscar compañía, por acercarse a otro ser humano. Si es usted el hijo de un adulto mayor y no le puede brindar compañía a su ser querido, procure alternativas que ayuden a mitigar este sentimiento de abandono en el adulto mayor, y reduzca su sentido de culpabilidad.

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