La Isla Oeste

COMENTARIO: La Corrupción: del fantasma a la realidad

Por Miguel A. Varela Pérez

La Real Academia de la Lengua Española (RAE), ofrece varias definiciones sobre corrupción, una de las que, a mi juicio, se acerva a lo más práctico es, y cito, “práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, ecconómico o de otra índoles, de sus gestores”.

Observe que se es claro en establecer que la corrupción va mas allá de de aprovecharse y utilizar recursos económicos y fiscales, se amplía a cualquier otra índole.

De momento se puede pensar que dicha práctica es exclusiva de organizaciones públicas, personas que ocupan puestos de relevancia, personas que poseen posiciones de liderato, personas que poseen cierto “estatus social”, alguna raza en particular, entre otros. Sin embargo, aunque puede ser cierto, no necesariamente lo es.

A lo largo de la historia se han identificado múltiples casos de acciones de personas que atentaron contra la dignidad del ser humano, en detrimento de estos, haciéndole daños, apropiándose de sus recursos, denigrándolos, explotándolas , usando su poder y autoridad, abusando de la confianza que le brindaron sus superiores, usurpando, haciendo falta representación, asumiendo roles que no les correspondía. En otras palabras, el tema de la corrupción y sus raíces no es único del presente y de las sociedades modernas. Es uno que trasciende épocas, países y generaciones. Muchas personas se asombran, y con razón, cuando escuchan escándalos de acusaciones o sospechas de actos corruptos entre algunos funcionarios, públicos y privados, claro dada la posición que ocupan y sus vínculos de accesibilidad, es para preocuparse.

No obstante, hay que aclarar que lo anterior es una manifestación de tantas que existen sobre corrupción. Diariamente se cometen actos de corrupción, de menos escalas, en las narices del ciudadano común y no se denuncia. No denunciarlo es también corrupción, se convierte en cómplice y testigo silente de la acción de corromper.

Son múltiples las acciones que son consideradas conductas corruptas; el resultado de una ausencia de ética y amoralidad o inversión de la cadena y pirámide de valores.

Como se indicara anteriormente, el enfoque hacia la corrupción dirige la vista a los grandes escándalos que reseñan los medios noticiosos y que salen a la luz pública gracias a el efecto masivo de las redes sociales. Pero no puede limitarse a ese nivel .

Cualquiera de las siguientes conductas o acciones son parte de un patrón de corrupción que a diario se vive en los contextos en los que se reside, se trabaja y convive.

Por ejemplo, el empleado que asiste a su trabajo pero no realiza las funciones para las que se le paga, el empleado que se ausenta por estar enfermo pero se va de viaje o de compra, o de crucero, el empleado que experimenta un patrón de ausentismo y tardanzas a su área de trabajo y justifica muchas excusas para que le corrijan su hoja de firmas. De igual manera puede considerarse corrupción, usar el tiempo del trabajo para estar metidos en las redes sociales o estar realizando tareas personales, aun dentro del área de su trabajo.

El uso de las computadoras, equipo, incluyendo teléfonos, y materiales oficiales para realizar tareas personales es otra conducta anti ética y de por si corrupta. Llevarse del trabajo material comprado con fondos de la organización para uso personal y el de los hijos, a veces hasta un simple bolígrafo, es corrupción. También es corrupción favorecer a amigos y familiares con tareas y trabajos a ser remunerados, usar la posición o los vínculos en la organización para el nepotismo es corrupción.

En otras palabras, la corrupción va mas allá de robarse o permitir que otros se roben, directa o indirectamente, grandes cantidades de dinero. Ser corrupto es descuidar las funciones asignadas, hacer mal uso de los recursos asignados, provocar que otros fallen a la ética, confabular para beneficio propio y de segundos y terceros, no hacer buen uso de la supervisión de obras, tareas, servicios y recursos a cargo.

Ser corrupto es no acusar y señalar las acciones de conductas antisociales que están ligadas al mal de la corrupción, ser corrupto es patrocinar con el silencio y la confabulación la organización de esquemas dirigidos a defalcar y causar daños a otros. Ser corrupto va mas allá de robar dinero.

Ser corrupto es entregar la moral, enterrar los valores y caer en el barro, acostumbrándose a usarlo de ordinario en los baños y no querer salir de allí. Ser corrupto es menospreciar a los otros por decir la verdad y señalar lo incorrecto. Ser corrupto es creerse dueño del dinero ajeno y repartirlo entre las camaradas como si fuera de su propiedad. Ser corrupto es caer en la prepotencia continúa acusando a los otros sin asumir la responsabilidad.

Como se mencionara al principio de este análisis, no es cuestión de señalar la corrupción, no es cuestión de formar y promulgar decálogos y documentos para fomentar la transparencia, de nada vale legislaciones dirigidas a crear estructuras para controlar los actos de corrupción.

De nada valen juramentos vacios y escritos con la tinta del olvido. De nada vale cambiar de traje si debajo de ese traje se sigue escondiendo el corrupto disfrazado con el disfraz original. De nada vale promulgar políticas de ética profesional y sana administración.

Hay que iniciar con ejecutorias firmes y directas que generen confianza, medidas éticas y de sana administración que definan y lleve a determinar de una vez y por todas si la corrupción: fantasma o realidad existen o serán cosa del pasado.

El autor es residente de Isabela y retirado del Departamento de Educación donde laboró como maestro, director, coordinador de Ciencias, superintendente auxiliar y de escuelas. Además fue profesor en la Universidad Interamericana de Aguadilla y la UPR- Aguadilla.

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