La Isla Oeste

Del Pepino la hamaquera más joven de Puerto Rico

Para Tatiana, "es imposible imaginarse un país sin hamaca o sin cultura”.

Por Luis Joel Méndez González / Para La Isla Oeste

El timbre sonaba, era hora de salir de la escuela. Abuela la recogía, mamá la buscaba antes de que llegara la noche. Jugaba un rato en la maleza del monte. Su abuela, tejiendo una gran hamaca de colores. La niña entraba para darle una mano a la viejita; la viejita a la niña le pasaba su aguja y a su lado, a enhebrar una hamaca.

Hoy, Tatiana MartínezPérez, de 23 años, dice con mirada tierna que es la hamaquera más joven certificada por Fomento Industrial que se dedique-aunque a tiempo parcial- a la venta de esta artesanía. Es además a quien el 39no Festival de la Hamaca se le será dedicado este mes de julio en San Sebastián.

Foto por Luis Joel Méndez González | La aguja de madera es indispensable en el proceso de confección de la hamaca.

“En esos ratos (en los que estaba con abuela), ella me decía ‘vente, vamos a tejer’. Y así aprendí; aprendí a hacer hamacas de souvenirs. De pequeña, en el Festival de la Hamaca, vendía las que hacía. En aquel momento costaban a cinco dólares y a la gente le gustaba porque yo era bien chiquita”, recordó ella.

La joven natural del barrio Robles de “Las Vegas del Pepino” es nieta de Leonarda Morales Acevedo, la única artesana en la Isla que aún confecciona hamacas a base de hilos de maguey. Fue ésta quien le inculcó el ancestral arte taíno que la llevó a ser la tercera generación de hamaqueras en la familia pepiniana.

Foto por Luis Joel Méndez González | Las hamacas confeccionadas con hilo de maguey tiene una duración de más de dos décadas.

Entrada a la adolescencia, sin embargo, la joven dejó a un lado el arte de las hamacas. No fue hasta que comenzó a necesitar ingresos para cubrir sus gastos académicos mientras cursaba Educación Elemental en la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla que retomó su confección para emplearse a sí misma.

“La insistencia de abuela era tanta que dije ‘caramba, no quiero que algún día fallezca y esto no haya pasado conmigo’. Así que en mayo de 2015 compro los materiales, hago mis telares y comienzo otra vez a hacerlas”, agregó, pese a que reconoció que le costó acostumbrarse a tejer hamacas grandes. 

La hamaca tradicional, ejemplificó, es tan amplia que puede utilizarse para acostarse en ella; la de palo, cuenta con dos varas de madera en cada extremo que permiten que no se cierre; la de asiento, descansa sobre una sola vara que le da estabilidad para sentársele; la de “coy”, es utilizada para acostar infantes al ser más pequeña.

“Un año me da a lo mejor para dos hamacas de maguey… Una hamaca de cordón me puede tomar de cuatro a seis días”, reveló. “Sacar la fibra (del maguey) y tejerlo es lo más complejo. Ya después que tengastodo ese tejido que es la cabuya, ese hilo que vas a poder ensebar… lo que sigue es estar empatando y uniendo”.

Foto por Luis Joel Méndez González | Los cordoncillos con los que se tejen las hamacas hoy día varían de precio según cuán grueso sea.

El conjunto de hilos que conforma la urdimbre, primero, se coloca sobre los dos tubos entrecruzados que dan forma al telar. Luego, se enhebra con la aguja de madera la cabuya que no es más que la cantidad de hilos separada para tejer. Los hilitos que se levanten durante el proceso de tejidosimplementesecortan a tijerazos.

“En un tiempo la hamaca era una cama, ahora se ha convertido otra vez en un mueble. (Por eso) con los colores hay que estar bien al día. Lo que se está trabajando ahora es amarillo, gris y azul… Eso es por temporada, hay años en los que está (de moda) el azul con blanco o el azul con rojo”, ejemplificó la joven artesana.

Foto por Luis Joel Méndez González | La palabra “hamaca” viene del taíno “red para pescado”.

Las largas horas que le ha dedicado hasta la madrugada a la confección de éstas le ha brindado también unión con su madre pues, mencionó, es ella quien le sugiere ideas nuevas, perfecciona y señala errores, asiste en el tejido de las partes más complejas de la pieza, y regaña cuando parece desvelada.

Pero su meta es que conozcan a su abuela, “qué hace y cómo surge este amor; porque es un orgullo verla tejiendo todos los días y verla trabajar a sus 82 años”, esbozó sobre “Doña Esmeralda”, ostentadora de decenas de reconocimientos, homenajes y entrevistas gracias al don que ha preservado sabiamente.

“La hamaca para mí, a pesar de que es una herencia de mi familia de generacionesy generaciones, es un orgullo aunsiendo tan joven… Honestamente, no podría imaginar un país sin hamaca o sin cultura”, puntualizó.

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