La Isla Oeste

B.I.T.C.H. & the city: La letra “C” de Controladores

Profesora Wendaly Barbosa Ramos

Por Prof. Wendaly Barbosa

Las personas que intentan controlar a otras, aunque sea de manera sutil o escondidas tras el velo de una supuesta preocupación o cariño, en el fondo, no nos respetan y piensan que somos incapaces e inferiores.  Los controladores pueden estar en todas partes: desde nuestro entorno más íntimo y cercano hasta el más distante e impensable.  Sin embargo, en muchas ocasiones, esa cercanía dificulta que nos demos cuenta de que nos están manipulando. Por fortuna, no he tenido experiencias con parejas controladoras, pero sí en otros ámbitos de la vida y he podido aprender a identificarlos para evitar caer en esta trampa y detenerlos a tiempo. 

¿Qué es una persona controladora?

Los controladores tienden a ser co-dependientes, narcisistas, egoístas e inmaduros. Por lo que muchas veces, si estamos cerca de ellos, se convierten en obstáculos en nuestro camino; nos pueden llevar a dudar de nuestras capacidades y dificultan el que tengamos una vida plena.  En otras palabras, son personas tóxicas. Según el psicólogo Bernardo Stamateas, en su libro Gente Tóxica, Cómo tratar con las personas que te complican la vida (2012), en algún momento todos nos hemos topado y hasta convivido con personas tóxicas en sus diferentes manifestaciones, entre las que encontramos a los controladores. Estas personas comienzan paulatinamente a conocer, evaluar y a pasar juicio sobre lo que decimos y lo que callamos, sobre lo que hacemos y dejamos de hacer. De esta forma, saben cómo potenciar nuestras debilidades y nos cargan de inseguridades y frustraciones, lo que nos vuelve susceptibles y más fáciles de controlar. Se caracterizan por estar muy atentas a los demás y conocen lo que pasa en el ojo ajeno, pero se olvidan de ver la viga que tienen en el propio.

Los controladores tienden a insistir hasta que los demás acceden a sus pedidos, en ocasiones por cansancio, y pueden decir algo como: “No voy a aceptar un No por respuesta”. También utilizan el chantaje emocional con frases como: “No me dejes, no sé qué haría sin ti”, “A pesar de todo lo que hago por ti, mira cómo me pagas”. Coartan nuestra libertad y disfrazan su proceder tras una supuesta preocupación por nuestro bienestar; de ahí los clásicos: “¿A qué hora llegas?”, “¿Para dónde vas?”, “¿Con quién vas a salir?”, “¿Cómo se llama?”, entre otros. Nos hacen sentir culpables con un “Me has decepcionado” o “Siempre me llevas la contraria” y crean inseguridades y malestares innecesarios con “No te pongas esa ropa” y, la mejor, “Hasta que la muerte nos separe.” ¡LITERAL! Estas personas por sus miedos o inseguridades quieren manipular y controlar a los demás. Esto provoca relaciones malsanas en las que, por respeto, cariño, pereza, costumbre, miedo o tristeza ignoramos la situación y no hacemos algo al respecto.

Si es difícil lidiar con personas controladoras a nivel personal, puede ser más complicado en un ambienteprofesional. Por ejemplo, en ocasiones, los jefes y compañeros de trabajo controladores pueden mostrar conductas que nos incomoden, que nos causen estrés y hasta nos hagan sentir frustrados y molestos. Comentarios como: “Por qué tú hiciste esa pregunta en la reunión” o “Vi tus papeles en la fotocopiadora”. “¿Por qué estás trabajando en ese proyecto?” pueden afectarnos al sentir que están pendientes de todo lo que hacemos. ¡Uyyy, demasiado fuerte! Hay muchas alternativas, pero primero discutamos como podemos identificarlos.

¿Cómo identificamos a una persona controladora en el trabajo?

En el artículo “Como trabajar con una persona controladora” (2009) se identifica el perfil de una persona controladora con tres rasgos principales:

  1. Egocéntricos – Creen que sus ideas son las mejores (a veces, las únicas viables) y luchan hasta el cansancio para proteger su ego y estatus en la organización.
  2. Encantadores y carismáticos – Sobreviven con sus encantos y simpatía que usan tanto para agradarnos como causar fricciones en el lugar de trabajo.
  3. Narcisistas – Se piensan el centro del universo y que están sobre los demás por lo que pueden abusar de otros, especialmente a los que perciben más débiles o como una amenaza.

En general, las personas controladoras son temerosas, inseguras y hasta paranoicas y podrían reaccionar de forma inesperada cuando se sienten arrinconadas o amenazadas.

¿Cómo manejamos a una persona controladora en el trabajo?

Según el artículo antes mencionado, “Como trabajar con una persona controladora,” entre las estrategias para lidiar con compañeros de trabajo controladores se encuentran:

  1. Evitar razonar con un controlador – Estas personas piensan que sus ideas son las mejores y no consideran las de los demás, lo que puede frustrarnos, enfurecernos y hasta llevarnos a considerar que es imposible laborar en ese lugar. Evitemos caer en la trampa de explicar su proceder.
  2. Enfrentar al controlador – De manera positiva y sin crear un altercado podemos indicarle a un controlador que pensaremos su recomendación o que consideraremos su petición. Si insiste o nos presiona debemos repetir la respuesta calmadamente y cuantas veces sea necesario. El objetivo es que entienda que no puede intimidarnos ni abusar de nuestra amabilidad.
  3. Proteger nuestro trabajo – Mantener un registro o bitácora de las tareas realizadas y las ideas nuevas para discutirlas con el supervisor o entregar con regularidad informes de logros y progresos es una alternativa para evitar que un controlador intente apropiarse de nuestras ideas y se lleve el crédito por nuestros esfuerzos.
  4. Señalar la situación al superior inmediato – Con calma, profesionalismo y con evidencia deben discutirse las situaciones y problemas causados por el compañero de trabajo controlador y, si es posible, presentar algunas soluciones. No debe ser la primera vez que esta persona causa problemas, por lo que seguramente el supervisor ya tiene conocimiento del asunto.
  5. Solicitar una transferencia – Si la situación se torna insostenible y solo como último recurso podemos considerar movernos a otro departamento.

Hemos visto algunos consejos generales sobre cómo identificar y manejar a los compañeros de trabajo controladores, pero cuando se trata de un jefe o superior la situación se complica.

Luz Carmen Meráz (2013) en “Aprende a lidiar con el jefe” comparte las sugerencias presentadas por Catherine Crowley y Kathi Elster en el libro “Working for You Isn’t Working for Me: The Ultimate Guide to Managing Your Boss (Trabajar para ti no funciona para mí. Guía fundamental para lidiar con tu jefe).  Entre estas destacaremos que un jefe controlador se caracteriza por la Microgerencia; en otras palabras, le cuesta delegar tareas porque piensa que nadie las haría mejor, pretende estar al tanto de todo o aprobar cada decisión.

Por otro lado, Edith Sánchez (2014) en “Sobrevivir a un jefe controlador” afirma que esta situación puede convertirse en una pesadilla y llegar a frustrarnos, por lo que vamos a necesitar grandes dosis de paciencia para enfrentarla. Entre sus recomendaciones para sobrevivir el “cerco” de un jefe controlador y criticón nos menciona:

  1. Conservar la autoestima alta y fortalecerla con pequeños logros – Completar eficientemente pequeñas tareas, aun cuando formen parte de un proyecto mayor, y reconocer nuestro mérito ayuda a fortalecer la autoestima y la confianza. Al final de cada una podemos felicitarnos con un: “Bien hecho.”
  2. No intentar cambiar al jefe – Las personas controladoras y excesivamente críticas, especialmente si ocupan cargos de dirección o de poder, no cambian fácilmente. Aunque no lo parezca, se trata de personas inseguras que ocultan sus temores al tratar de minimizar a los demás y difícilmente toman conciencia de esto. Confrontarlos o hasta dialogar con ellos puede que no facilite los resultados esperados, por lo que lo mejor es ignorarlos. Si la situación se torna inmanejable puede que haya llegado el momento de buscar otras alternativas como: un mediador, una transferencia, un nuevo empleo, entre otras recomendaciones bien acertadas que van a encontrar al adquirir el libro.

No podía finalizar la columna sin compartir los planteamientos de Ivonne Vargas Hernández (2012) en su artículo “Tengo un mal jefe, ¿qué puedo hacer?,” en el que recoge las palabras del especialista en relaciones laborales de la Universidad de Stanford, Bob Sutton, en The No Asshole Rule: Building a Civilized Workplace and Surviving One That Isn’t (La regla del no estúpido: Construir un lugar de trabajo civilizado y sobrevivir a uno que no lo es). Vargas nos señala que, para Sutton, un jefe puede obstaculizar el desarrollo de sus colaboradores de diferentes maneras que van desde lo más sutil, hasta lo más evidente. Por ejemplo, es posible identificar este proceder si repetidamente quiere dominar todo lo que sucede en el área de trabajo, quiere estar al tanto de cualquier minucia que se haga o lo que se diga de su persona, no acepta críticas ni sugerencias de buena manera, al presentar un señalamiento a su equipo se muestra intolerante o irrespetuoso, a la vez que justifica su conducta con argumentos como: “lo digo para que mejoren en el trabajo”, entre otros por el estilo. Lo importante es que observemos e identifiquemos si esos comportamientos son habituales o si, de lo contrario, solo se trata de un mal día, como todos lo podemos tener. 

Si desean saber y utilizar más herramientas en su vida diaria le exhorto a leer mí  libro ¿Sabes cómo identificar y manejar a los B.I.T.C.H.? Guía práctica y humorística (personal/profesional), el  mismo lo pueden conseguir en Amazon a través de éste link.

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