La Isla Oeste

La Valentía no tiene edad

Por Vionette Pietri, J.D.

Recuerdo que recientemente compartía en uno de los mensajes inspiradores que comparto en mis redes sociales, un incidente que viví en una relación de mi pasado en la que tuve que elegir salir de una vida llena de maltrato. Contaba que mi entonces cuñado y mejor amigo, Ruben Borrero, me protegía y me animaba a salir adelante. En la historia que les cuento mi sabio tío Genaro me dijo un dia: “Escucha lo que tu corazón quiere. Que no te importe lo que diga la familia, ni nadie”. Es decir, que no me importara la presión social, o familiar. Entendí que mi corazón quería libertad.

Fui una abogada que se casaba a los 26 años por presión social, no por amor. Una mujer que descubre el maltrato a puerta cerrada. En ese proceso, mi sobrino mayor John John no se separó de mí ni un momento, tal como acostumbraba desde que era pequeño.

Era apenas un niño, pero su valentía era inmensa. Cuando aquel hombre destrozó mi escuela de danza, y me llevó en su carro para amenazarme con la conducta típica de un maltratante, para que no lo dejara, mi sobrino me dijo unas palabras que nunca olvido: “Titi Vio, no te preocupes todo va a estar bien. Voy a hablar con Rubén y él te va a proteger. No estás sola, cuentas con nosotros”.

Quedé tan impresionada con su empatía, con su compasión y su sensibilidad por lo que estaba viviendo, con su valiente corazón de niño. Con su amor infinito por mi, al punto de no importarle arriesgar su propia seguridad por la mía. Por eso, cuando me preguntan porque amo tanto a mis sobrinos, la respuesta es porque han sido mi refugio y mi gran amor toda la vida. Todos han sido parte esencial de mi vida y motivo para seguir adelante. Puedo escribir un libro de tantas historias con cada uno de ellos y de ellas. 

Vamos por la vida y olvidamos ser valientes. No pensamos en que tenemos derecho a ser tratados con respeto y dignidad. Que nada ni nadie tiene derecho a menospreciarnos ni en el trabajo, ni en la vida privada, ni en las relaciones familiares. En ningún aspecto de nuestras vidas. Punto.

En ese entonces que me sentía tan asustada y perdida,  mi cuñado me dijo que cada vez que el quisiera hablar conmigo, lo haría frente a él. Así lo hizo, a pesar de que le llamaba burlonamente mi “guardaespaldas”.

Fue él quien junto a mi hermana Bebé, me llevaron un día una compra de comida a mi casa cuando más lo necesitaba. Fueron ambos los que me regalaban la presencia de mis sobrinos Franco y Jean Pierre para que con su inocente amor sanaran mis heridas

Nunca me cansaré de agradecerle a mi sobrino John John y a Rubén,  lo mucho que se desvivieron por mi bienestar y seguridad, aún atentando contra la suya.

Les puedo confirmar que definitivamente la valentía no tiene edad, ni la lealtad tampoco.

La autora es abogada, conferencista internacional, empresaria, y Directora de la Fundación Baila Corazón. Visita su sitio web: www.latinasempowerment.com

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