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A cinco meses del huracán María expertos evalúan su impacto en las comunidades

Por Daileen Joan Rodríguez / Para La Isla Oeste

En el trayecto a la recuperación del país tras el desastre que dejó el huracán María, las comunidades en Puerto Rico van reflexionando sobre lo sufrido, lo perdido, lo aprendido.

Es el caso de la comunidad Playa en Añasco, donde el río barrió con casi 700 residencias dejando un manto de desesperanza en el corazón de sus familias, la gran mayoría desventajadas.

Según el líder comunitario, Crispín González Méndez, a cinco meses de la catástrofe la recuperación va por el 85 por ciento.

“Los grupos comunitarios hicimos lo que teníamos que hacer”, recalcó, asegurando que “con el gobierno no se puede contar mucho, porque el gobierno está mal. Los líderes comunitarios estamos haciendo el trabajo del gobierno… y a ellos se les paga por eso”, sentenció.

El añasqueño destacó que ahora, es la misma gente del pueblo la que sale a la calle para hacer conciencia de lo que está pasando en el país.

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Una de estas manos alicientes durante la emergencia tras el huracán María, fue Kristal Zoé Torres Pesante, residente en la Comunidad Playa.

La joven de 22 años, que cursa su cuarto año en psicología, es voluntaria a través del Instituto Universitario para el Desarrollo de las Comunidades, adscrito al Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (UPRM). La filosofía de este Instituto se basa en que es la misma gente del barrio quien mejor conoce las urgencias y necesidades de su entorno.

En su labor voluntaria Kristal Zoé hizo visitas a sus vecinos de la comunidad, donde identificó extremo dolor. “Ha sido impactante. Las personas a veces hasta lloran con nosotros. Se desahogan y veo que se sienten mejor… más liberados al tener a alguien con ellos que los escuche y está dispuestos a ayudarlos”, acotó.

El ejercicio de ayuda psicológica consistió en visitar a los residentes en cada calle del barrio Playa -donde el Río Añasco cuando salió de su cauce cubrió residencias bajo nueve pies de agua- para atender la desesperanza que marcó sus vidas el pasado 20 de septiembre.

Según la líder, al día de hoy el espíritu del añasqueño en barrio Playa todavía “en su mayoría está como decaído. Muchas personas están optando por irse a los Estados Unidos a vivir. Están temerosos. Hay muchas personas que están optando por irse”, recalcó.

Entretanto, recordó que “al principio fue difícil por el factor de que no teníamos agua. Pero actualmente tenemos agua y fuimos limpiando poco a poco las casas. Recibimos ayuda de los vecinos, así como de la Universidad y distintas organizaciones religiosas”, dijo, reconociendo que en lo externo la recuperación ya es notable.

“Actualmente estamos trabajando con un huerto casero en la comunidad, donde hemos sembrado lechuga romana, habichuelas blancas, espinacas y un sin número de cosas”, destacó.

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Para la Dra. Sonia Bartolomei, profesora de ingeniería industrial en el Instituto Universitario para el Desarrollo de las Comunidades, el reto de levantar la integridad de las comunidades es grande.

“Estamos tratando de ver cómo podemos redirigir lo que era el país para tratar de ser mejores una vez venga otro fenómeno, sea huracán, sismo o maremoto”, expresó.

Sus expresiones se dieron a la salida del conversatorio Impacto de María en la Infraestructura en Puerto Rico, organizado por el Centro Hemisférico de Cooperación en Investigación y Educación en Ingeniería y Ciencia Aplicada (CoHemis) en colaboración con el Coastal Resilience Center (CRC) y el Programa Sea Grant.

Este es el cuarto de la Serie de Conversatorios de CoHemis para un Puerto Rico Resiliente y celebrado el martes en el Auditorio del Edificio de Ingeniería Civil y Agrimensura de la UPRM, donde expertos en las áreas de estructuras y geotecnia presentaron sus experiencias y conocimientos de las lecciones aprendidas del impacto del huracán en la estabilidad de los suelos, los sistemas de transportación y la infraestructura.

El ingeniero Alvin Rodríguez –quien es consultor para el gobierno central en asuntos de infraestructura- mencionó que durante la emergencia le tocó visitar diversos puentes para evaluar las condiciones en que quedaron por el paso del huracán. De estos, se identificaron 16, que tras su colapso, todavía hoy mantienen a sus comunidades incomunicadas.

“Hubo mucha lluvia con escorrentías muy altas, que traen escombros, árboles que están en las laderas del río e impactan los puentes”, dijo, explicando que ello creó grandes presiones en dichas estructuras, que hicieron que muchos de estos puentes colapsaran, como es el caso de dos puentes en Moca y San Sebastián. “Se supone que en marzo se instalen los puentes de acero que nosotros diseñamos, para poder volverles a comunicar”, sostuvo. Cabe mencionarse que estas comunidades llevan cinco meses utilizando vías alternas para llegar a sus destinos.

El ingeniero señaló que lo aprendido –dentro de su campo- es que ciertamente hay que atemperar los códigos de construcción a las expectativas de resiliencia para que no vuelvan a ocurrir situaciones similares.

En temas de deslizamientos y estructuras, el profesor Ricardo Ramos, reconoció que “los periodos de lluvia intensa siempre  inducen a deslizamientos superficiales”. El experto en geotecnia destacó que debido a la topografía en la zona central de Puerto Rico, fue allí donde más las comunidades se vieron afectadas.

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