La Isla Oeste

COMENTARIO: De un Puerto Rico a un puerto pobre; ¿un cambio provocado?

Por Miguel A. Varela Pérez

Sostiene la historia, aunque con variantes desde la línea de investigación o posición ideológica del que la escribe, que durante su segundo viaje a América el navegante español descubrió una isla que para entonces estaba habitada por miles de carnales arahucos denominados Tainos.  La Isla de Puerto Rico, es la menor de las islas que conforman las Antillas Mayores, junto con Cuba, Jamaica y la isla La Española en el que se ubican los países de Haití y República Dominicana. Geográficamente es la  más alejada del continente.

En un momento resultó ser  un punto estratégico a nivel geopolítico en el Caribe y, posiblemente, a nivel mundial.  Fue altamente codiciada por su sistema económico, su sistema educativo, su avanzada infraestructura de puertos, energía eléctrica y su excelente modelo de democracia, incluyendo un sistema de salud de progreso. Decenas de estudiantes universitarios de todos los continentes se matriculaban en las universidades del estado para realizar estudios sub graduados y graduados,  dado el prestigios de los centros universitarios administrados por el estado. Continuamente la Universidad de Puerto Rico se veía honrada con la visita de distinguidos educadores, investigadores y eruditos para servir como recursos y dictar cátedra. A nivel artístico y musical, así como cultural fue, y sigue siendo una de las mejores caras, de igual manera a nivel deportivo, aunque en decadencia, salvo algunas excepciones.

Dado su capital y solvencia y el dinero que llegaba de los federales, los que administraron el país se dedicaron a coger préstamos, en muchas ocasiones sin fuente de repago, para obras improvisadas, otorgar aumentos y beneficios a la clases trabajadora sin  control  , contratos onerosos. Si el préstamo solicitado no daba para cumplir con los caprichos, se emitía otra deuda sobre la existente, se refinanciaba la misma de manera totalmente irresponsable y avalada por el ente legislativo, que además de legislar, le correspondía el oficio de fiscalizar y legislar con prudencia, cosa que nunca hicieron. Al verse atrapados por deficiencia en créditos para seguir cogiendo prestado, le imponen al ciudadano decenas de impuestos y arbitrios dirigidos a grabar el bolsillo del consumidor y pasarle a éste el pago de la deuda irresponsable acumulada por décadas. De momento el pedazo de tierra que sirvió de envidia para muchos otros países se vio atrapada en una deuda acumulativa, que según los expertos está cerca  de $ 73 mil millones de dólares, algunos la bautizaron como la Grecia del Caribe, a la que se le hacia difícil pagar.

Esa deuda y el impago inicia con la adjudicación de culpas, unos alegan que desde que la derogación de  la  sección 936 del Código de Rentas Internas en agosto de 1996 provocó que cientos de fabricas y empresas abandonaran la isla ante la ausencia de incentivos, entonces por qué no se repensó en un nuevo modelo económico ante la realidad fiscal que se avecinaba. Nada ocurrió, el desbarajuste continuó. Otros adjudican la culpa a la desigualdad política ante la realidad de no ser estado federado. De igual manera, casos legales de índole civil y político fueron adjudicados por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en contra de los poderes que aparentemente tenía la fórmula política prevaleciente en la Constitución del Estado Libre Asociado. Casos de corrupción sin precedentes, mal uso de los recursos del estado, enriquecimiento ilícito, convicción de funcionarios, poca confianza del americano que daba los chavos, son otras causas del desastre y poca capacidad para atender la crisis que arropaba las esferas del gobierno, los municipios y afectaba a todo el colectivo.  Mientras las intrigas entre los políticos del patio aumentaba y se posicionaban para alcanzar propósitos y agendas particulares, el soberano quedaba atrapado en el deterioro crónico y avanzado de la situación social, fiscal, económica, educativa y de infraestructura que dejaban sin respiro a miles de boricuas, que ante la impotencia y desesperación comenzaban a abandonar el país. Todo lo anterior sumado a malas decisiones, mala administración de recursos, atención a el mantenimiento de la infraestructura existente que por años se había abandonado.

La deuda seguía allí, ya en el 2015 era una realidad que había que aceptar y cumplir con los acreedores, pero sin los recursos para hacerlo. Entonces a unos “buenos puertorriqueños” se les ocurre cabildear con el Congreso para que se les apruebe un remedio y poder evitar o renegociar los parámetros para cumplir con la deuda. Ahí PROMESA se hace una realidad imponiendo controles en los gastos arbitrarios que programa el gobierno. Con PROMESA se cierran y consolidan escuelas. PROMESA coincide con el impacto del Huracán María y luego con el impacto de los continuos terremotos, coincide con ajustes claves y asignaciones millonarias de fondos federales que son dados bajo controles, coincide con el abandono y deterioro de un Puerto que en su momento fue RICO, pero que reapareció en medio del desastre como un Puerto que ahora era evidentemente POBRE. La pobreza esta ahí, el deterioro de la infraestructura está ahí, el deterioro social, fiscal y económico esta ahí, no fue culpa de PROMESA, no fue culpa de María, no fue culpa de los terremotos. Fue culpa de décadas de malas decisiones e irresponsabilidad administrativa que llevaron a PUERTO RICO a ser un PUERTO POBRE.

La historia ya se escribió, es cuestión de editarla para que aparezca la realidad existencial de un pueblo que de vivir bien, ahora le queda sobrevivir.

El autor fue superintendente de escuelas y profesor universitario.

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