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COMENTARIO: Honra y orgullo

Por Nelson Arnaldo Vera Hernández / Catedrático en Sociología UPR Aguadilla

Desde muy joven en mi vida aprendí que el trabajo no es un castigo, sino honra. Como niño iba con mi abuelo materno a “recoger” café pues había confeccionado una canasta para esos propósitos. Con unos pocos años más, cortaba el césped del hogar junto a mi padre. En la adolescencia comencé a comprender lo que es el trabajo remunerado. Cortaba el césped de mi abuelo materno quien me pagaba.

Una tía me ofreció que le ayudara en la panadería los domingos. Ese día era más congestionado en la mismas ante la presencia de parroquianos que acudían al templo católico de Aguada cerca del negocio. Tendría como 14 años cuando ello y con un ingreso de “fortuna” para esa edad.  Comenzaba a las 6:00 de la mañana. Cinco años de haber dejado ese trabajo, regresé al mismo lugar. Esta vez como un joven adulto recién casado. Aprendí que el trabajo también es un orgullo.  

En la universidad conocí los derechos laborales que aparecen en el Artículo II de la Constitución de Puerto Rico. Esos derechos en las secciones 15 a la 18 llamaron mucho la atención, llevándome a leer mucho del movimiento obrero puertorriqueño y solicitar en el grado de maestría en relaciones laborales. Hago notar que en ese momento estaba en mi primera experiencia laboral gubernamental como guía de turismo. Obvio que aplicar lo aprendido fue natural.

Estando en ese trabajo renumerado gubernamental conocí muchas figuras del movimiento obrero del momento y representó mi cauce del diario vivir. Lo que hacían por el pueblo trabajador era inconmensurable. Pero ese proceso se alteró al despedido de la empresa por el solo hecho de pensar en el trabajador organizado.  

Lo que ocurría es que se estaba comenzando el neoliberalismo boricua. Gobernantes de turno convirtieron al movimiento obrero en un obstáculo hacia sus metas. El turno llegó en los servicios de acueductos. Las propuestas de privatizar sus servicios, arrancó con fuerza por parte del Estado con un control de los medios con la “sequía” y los salideros. Se convirtió como un estribillo a coro por parte de la ideología neoliberalista el que “los servicios eran pésimos y que mejor era estar en manos privadas”.

Pensé que esta visión neoliberalista estaba fuera de la objetividad académica universitaria. Me equivoqué. Al regresar a la Universidad como docente observé decisiones que solo buscaban el costo beneficio. No era la Universidad en la cual estudié.

Hoy observo el asunto de inmigrantes que vienen a trabajar nuestras tierras, porque según los empresarios “el puertorriqueño perdió el camino del trabajo”. Honestamente desconozco qué ocurre, pero en mi caso aprendí que el trabajo es honra y orgullo. Eso le he enseñado a mis hijos.

A solo días de celebrar otro Primero de Mayo, estoy muy consciente de mi estado como obrero del campo, de panadería, del turismo y trabajador del sistema público universitario. De volver a nacer, regreso a ser trabajador.

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laislaoeste@gmail.com

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