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COMENTARIO: No a la mentira del plebiscito

Por Juan Carlos Figueroa Vázquez / Delegado Asamblea General Partido Popular Democrático 

Los puertorriqueños estamos convencidos de que nuestra relación con los Estados Unidos de América amerita una profunda revisión, donde converjan elementos de mutua conveniencia. De igual manera estamos convencidos de nuestra necesidad prioritaria de librar del partidismo fanatizado los asuntos que nos afectan como pueblo como lo son el desarrollo económico, el sistema de educación pública, el sistema de salud y la seguridad. Estas son agendas inconclusas que nuestra generación debe aspirar a resolver, pero primero necesitamos acabar con esta legión política de corrupción y menosprecio a la administración pública.  

Debemos proponernos la misión de resolver nuestros asuntos con respeto, dignidad y con gran desprendimiento patriótico. La generación que está por asumir las riendas de Puerto Rico tiene que procurar escribir para la historia una revolucionaria transformación de gobierno, donde el respeto a la institución sea la norma, donde el bienestar colectivo supere y gane tanta credibilidad como sea posible y donde el gobierno limpio sea una cultura de orgullo.  

El propuesto ejercicio plebiscitario se aparta de todas esas aspiraciones y lejos de permitir analizar las bondades y defectos del ideal estadista, solo lo pone como botín de guerra y clara muestra de la soberbia de un grupo de políticos que apuestan a la memoria corta, a la capitalización oportunista del dolor y la desesperanza de este pueblo, pero peor aún a la institucionalizada cogida de “pentontos” hasta de los suyos. 

Un voto al no, no se trata de rechazar la estadidad, se trata de castigar la mafia politiquera que se apoderó de nuestras instituciones públicas. NO es momento de sumir a nuestro pueblo en una discusión inconsecuente. NO es moral intentar engañarnos para tener continuidad del “banquete gubernamental”. NO es aceptable que utilizando el dolor nos traten de vender una idea de status que en nada resolverá nuestros problemas y NO puede continuar este crimen a mansalva de los recursos económicos del País. 

Sobre la estadidad, habrá el momento para sentarnos con respeto y madurez como pueblo a escuchar la verdad sobre las alegadas virtudes de ese modelo político y también a sopesar las consecuencias y desventajas que sin dudas tiene. Por otra parte, también debemos escuchar la propuesta de independencia con su plan de desarrollo y sostenibilidad. Además, y por supuesto que en la misma mesa de hermanos puertorriqueños debemos analizar la propuesta de desarrollo de una relación con mayor autonomía dentro de la Constitución vigente del Estado Libre Asociado.  

Cuando eso ocurra, pues que sea el pueblo, informado,consciente y sosegado, el soberano sobre su destino político. Nuestra generación debe asumir esa misión, elevarse a la altura de los padres de nuestra constitución y echar al olvido el lastre de políticos que solo han legado aborrecimiento y vergüenza. Hasta entonces, solo procede un NO a la indiferencia, a la soberbia y a la mentira del plebiscito. 

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laislaoeste@gmail.com

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