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Curiosa, sociable y fiel es nuestra cotorra

Por Daileen Joan Rodríguez / Para  La Isla Oeste

Maricao. Son una promesa de nuestra fauna endémica. La libertad que hoy reciben no siempre la asimilan. Su desaparición es inminente. Están en peligro de extinción.

Por eso, un sentimiento agridulce salta del corazón de Roseanne Medina Miranda, de saber que las 31 cotorras que ha cuidado con celo durante más de un año, saldrán de la jaula que las mantiene en cautiverio dentro del área protegida en el Bosque Estatal de Maricao bajo el Programa de Recuperación de la Cotorra Puertorriqueña.

A las 6:15 am del miércoles 30 de noviembre, alzan vuelo a la vida silvestre en el verde y húmedo bosque ubicado al oeste centro de la Isla. Es la primera vez que volarán libres en esa área natural de la Isla, que posee tres condiciones propicias para su supervivencia y reproducción: el clima, el suelo y el hábitat.

La bióloga de 37 años de edad, quien las alimentó y estudió durante varios meses, hoy se alegra de verlas volar de la estructura gris en metal. Empero, las vigila desde una carpa camuflada o desde alguna de las plataformas que se construyeron en los árboles para observar cómo se internan en la boscosa naturaleza.

“Las cotorras son una comunidad”, afirma la experta en aves, quien forma parte del equipo interagencial compuesto por personal del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), el Servicio Forestal federal y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre federal. El grupo está a cargo de proteger a nuestra Amazona vittata comúnmente conocida como cotorra puertorriqueña.

Resulta que estas aves de la familia Psittacidae a las que nuestros taínos llamaban Iguacas, suelen presentar comportamientos de sociedad. Una de sus características es que son monógamas, es decir, que una vez se aparean es para toda la vida.

Precisamente, ya se estiman al menos tres parejas en el grupo. Su temporada de apareamiento es pronto, entre los meses de enero a junio y “ya se ven parejas dentro de la misma jaula”, dice entusiasmada Medina Miranda.

“Ya sabemos que esta cotorra está con este. Que a este le gusta más esta, que este es más dominante que el otro…”, narra la bióloga haciendo referencia a “los matrimonios” que se han dado dentro de la jaula de tela metálica.

Y como en nuestra sociedad, hay individuos celoso. Según detalla la bióloga, “han formalizado ciertas parejas. Hemos identificado tres o cuatro. Había una pareja que eran bien dominantes, bien agresivas. No querían que nadie se les acercara a su pareja. Hubo que separarlas del grupo”, afirma. Medina Miranda explica que como están en una comunidad encerradas y no pueden moverse, hubo que mantener estratas (sociales) dentro de ese espacio cerrado.

“El fin es liberarlas. No queremos tener cotorras domésticas”, acota, señalando que una de las características de apareamiento es que empiezan a buscar árboles para establecerse y hacer su nido.

Es así que, el grupo de expertos ha colocado cinco nidos artificiales en PVC, para facilitarles el proceso, aunque sabiendo que no necesariamente van a utilizarlos. Por ello, en caso que las parejas elijan instalarse en otro árbol sin nido, están dispuestos a mover el nido artificial.

Para colocar los nidos artificiales hubo que abrir veredas, estudiar cuáles árboles y qué follajes resultan idóneos para que las parejas formen su hogar. Se conoce que las cotorras son especies monógamas y era importante acondicionar ese “Hogar Dulce Hogar”. De igual manera, se hicieron unas plataformas para que el personal experto pueda realizar sus censos.

En promedio, las cotorras ponen tres o cuatro huevos y por temporada dan una sola camada. Depende mucho del cuidado que les dedique la pareja, al resultado de la eclosión de esos huevos y de que se den todos sus polluelos.

Aun no se conocen los retos que enfrentarían estas cotorras en su nuevo ambiente natural, se conoce que en el bosque hay ratas y otros depredadores que podrían ser una amenaza para ellas.

Alimentación

En las tareas diarias, el primero que llega al laboratorio del Programa de Recuperación de la Cotorra Puertorriqueña, se dirige directamente a la cocina, donde se preparan los alimentos  que comerán las cotorras durante el día.

En cautiverio se les suele suministrar alimentos preparados bajo una dieta baja en grasa y alta en proteínas. Les encantan las frutas, bayas y ramas del bosque.

Con bandeja en mano, la agrónomo Damaris Román Ruiz del Servicio de Pesca y Vida Silvestre, se dirige hacia las jaulas cautelosamente. Sin hacer ruido alimenta a las aves. El contacto humano debe ser el mínimo. Basta con detenerse a observarlas comiendo para asegurarse que se nutren bien y se preparan para sobrevivir en el hábitat natural al que se lanzan ahora.

“Este grupo no le teme a nada”, asegura Román Ruiz, quien dice que cualquier alimento nuevo que se les presenta, ellas se acercan a averiguar. “Ellas son bien curiosas y siempre están bien juntitas”, acota.

El llamado de Román Ruiz a la ciudadanía es “a que las cuiden, porque son aves bien especiales. Están en peligro y hay que ayudarlas. Si hay algo que ver con ellas que llamen a las autoridades”, subraya.

Cabe mencionarse que las cotorras portan un transmisor que les fue colocado para propósito de estudio y monitoreo. Estos transmisores ayudan a los biólogos a localizar al individuo, saber cuánta distancia vuelan, y proveen data sobre su dispersión, supervivencia y adaptación.

Entrenamiento

Como nacieron en un aviario, encerradas en jaulas de poco espacio, su vuelo se ha visto limitado por mucho tiempo. Es así que dos o tres veces en semana los biólogos les dan entrenamiento físico.

“Estas cotorras nacieron en cautiverio y muchas de ellas en jaulas más pequeñas que estas –destaca la bióloga Medina Miranda- Así es que hay que darles entrenamientos de vuelo para que fortalezcan sus músculos, para que una vez en la vida silvestre tengan más probabilidades de sobrevivir”, explica.

Esta es la tercera población silvestre de cotorras puertorriqueñas en Puerto Rico. Las otras dos poblaciones habitan en el Bosque Nacional El Yunque, en Luquillo; y el Bosque Estatal Río Abajo, entre Utuado y Arecibo.

Las expectativas del plan de viabilidad para la conservación de la Amazona vittata es que se deben tener al menor tres poblaciones que tengan conexión entre ellas para que haya flujo genético entre los individuos. Se busca además que haya un crecimiento poblacional sostenido por al menos diez años consecutivos en cada población y que logren resiliencia a las amenazas del ambiente como lo son enfermedades, etc.

Se recomienda por cualquier avistamiento, notificarlo al 787-888-1810 extensión 5535. Es necesario guardar distancia y no intentar capturarla, ya que de hacerlo, la persona infringiría las leyes estatales y federales que protegen esta especie. Al momento de notificar el avistamiento, la persona deberá proveer información sobre la ciudad y lugar donde se observó la cotorra, cuántas fueron observadas y si lleva una antena o un cilindro en el cuello.

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