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Doña Blanca; Una vida pescando ostiones y almejas en Boquerón

Por Luis Joel Méndez / Para La Isla Oeste

Cabo Rojo. Hortensia Rodríguez llegó de Estados Unidos hace 40 años al Poblado de Boquerón en Cabo Rojo. En lugar de sumarse a la industrialización de la época, tanto ella como su esposo, Luis Vargas, optaron por trabajar en el mar: él como pescador, mientras ella se dedicaba a extraer ostiones y almejas.

El tiempo transcurrió hasta que Hortensia se convirtió en un ícono del poblado, donde al presente –por alguna razón- la conocen cariñosamente como doña Blanca. Hoy, a sus 76 años, con ahínco ve la recolección y venta de ostiones y almejas, como una tradición familiar que aportará a que se mantenga vivo este distintivo del Poblado de Boquerón.

Todos los miércoles y jueves de cada semana -acompañada de otros miembros de su familia- doña Blanca parte en su pequeña embarcación hacia la boca del cauce del manglar. A medida que la marea oceánica desciende, comienza la extracción de almejas que se encuentran en el fondo y de ostiones adheridos a las raíces de los mangles.

Para despegar los ostiones, la obrera del mar los separa suavemente de la corteza del árbol con un machete. La carne de este molusco tiene gran valor nutritivo para el consumo humano pues contiene vitaminas A, B, C y D, compuestos glicerofosfóricos, carbohidratos y proteínas, además de tener alto contenido de zinc.

Mientras, para extraer las almejas del lodo en el fondo del manglar, doña Blanca utiliza los pies para palpar, cavar, arrancarlas y levantarlas con los dedos de los pies hasta elevarlas a la superficie para colectarlas. Todos los que la acompañan repiten el mismo ejercicio, sumando esfuerzos.

“Fuera del agua marina (los ostiones) pueden durar unos dos o tres días, pero como nosotros tenemos la facilidad de echarlos nuevamente (al mar), los metemos dentro de unos canastitos de alambre, los cuales se mantienen flotando, para que no tengan contacto con la tierra. Ya a las 7:00 de la mañana los lavamos otra vez con agua salada, se sacuden, y se ponen a la venta”, explicó la ostionera.

“Las almejas tienen que echarse en el agua durante una semana para que pueda consumirla el cliente… (primero) tienen que botar todo ese fango que tienen. Nosotros queremos que (el producto) esté fresco, para así conservar nuestra clientela”, agregó.

Tradición de familia

Recolectar ostiones y almejas no sido solo un sustento para doña Blanca, sino una tradición de familia. Cada fin de semana, sus nietos e hijos llegan en las tardes al quiosco familiar a sustituirla en el puesto, para que así ella pueda descansar. Según narra, con esto reconoce que la recolección y venta de ostiones y almejas, es una tradición familiar que aporta a que se mantenga viva esta actividad tan distintiva del Poblado.

“La tradición está en que mi hijo enseñe a mis nietos. Yo vendo con mi hija y tengo un nieto -que es el menor- que sabe vender y tratar al cliente… Y sé que así continuará, hasta que mis nietos enseñen a mis bisnietos”, puntualizó.

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