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En la semana de la educación: Laguerre el maestro ejemplar

Por Nelson Arnaldo Vera Hernández / Catedrático en Sociología UPR en Aguadilla

En pasados días he estado en conversación con varios colegas universitarios o leídos artículos de otros, de diferentes unidades de la UPR. Con sumo orgullo exponen que, a pesar de las erradas decisiones administrativas, la frustración, angustia, decepción, la poca visión y percances constantes en el sistema universitario, ser guía y mentor del estudiantado universitario honra. En la Semana de la Educación 2021, aporto pues me hicieron recordar a Don Enrique Laguerre.

Este compueblano, colega educador universitario y analista de lo social, definió lo que para él es un maestro. Ubico el verbo en presente porque su pensamiento e ideas están vigentes y pertinentes en el 2021. De hecho, el 3 de mayo hubiera cumplido 115 años.

Para Laguerre, maestro es tolerante, se sonríe y saluda, dice cuándo va a ofrecer un examen. Además, es bondadoso y severo, es amigo de los estudiantes y al mismo tiempo les exige un cumplimiento de sus deberes; sus clases son inspiradoras; van mucho más allá de los textos, transmite a los estudiantes el ansia de mejoramiento, el amor a los nobles ideales, un sentido equilibrado de la vida… (El Mundo, 11 de febrero de 1940).

Puntualizo que existe un magisterio y profesorado que contribuye muy poco a mejorar la situación de su estudiantado. Una crítica profunda cuando dice que hay magníficos maestros entre los catedráticos de la Universidad, pero hay demasiados catedráticos.

Se refiere a las diferencias entre un catedrático y maestro. Para Laguerre hay catedráticos que abruman a asignaciones desorientadas, hacen estudiar hasta el aclarar del día siguiente para un simple examen, dicen exactamente las mismas palabras que dijeron seis, ocho o diez años atrás, cíñanse a los statements estereotipados y fríos, no crían anhelos, no recrean (recuérdese lo de re-crear), no tienen capacidad de proyectarse en fin, hacen que los estudiantes desvivan y no vivan la vida universitaria.

Esta forma de pensar es aplicada en cada nivel educativo y sistema. La entrega del maestro por vocación rompe las barreras de tiempo y espacio. Todo el pueblo puertorriqueño lo lleva observando con los casos de un magisterio firme con su estudiantado durante la pandemia. También la cantidad de colegas docentes que continúan cosechando frutos junto a sus estudiantes, sin recibir apoyo de la administración que solo se aprovecha sus logros para mercadear.   

Las críticas llegarán sobre el magisterio o docencia que incumple con sus responsabilidades mínimas. Eso se sabe, pero es una excepción. Un pequeño grupo que estudiaron para ser maestro por razones varias como conseguir un trabajo o por el sueldo, entre otras, pero no por vocación. Esas personas están fuera de la definición laguerreana de maestro.  

A los colegas docentes y a la administración universitaria les menciono que, Laguerre nos indica sobre lo educativo, no es una industria de letras ni de títulos, sino una institución dedicada a convertir la juventud en hombres y mujeres que puedan ser de utilidad al país. Toda la Universidad debe girar en torno a los estudiantes. Toda la Universidad debe entrar en los estudiantes.        

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laislaoeste@gmail.com

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