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Jóvenes cuentan experiencias traumáticas con terapias de conversión

Imagen de Gerd Altmann

Cuentan sus historias para explicar la importancia de prohibir de las terapias de conversión contra menores de edad.

Gustavo Villanueva y Elvin Rivera decidieron contar sus experiencias para explicar la importar del Proyecto del Senado 184, que propone prohibir las terapias de conversión contra menores de edad.

Ninguno de los dos tiene más de 30 años. Gustavo tiene 29 años y Elvin tiene 21 años. Ambos pertenecen orgullosamente a la comunidad LGBTIQA+.

Pero no siempre fue así.

Gustavo se topó con este tipo de terapias en el 2011, mientras buscaba ayuda y orientación porque no estaba muy seguro de lo que quería estudiar. En una de las sesiones con una psicóloga clínica, Gustavo le comentó que tenías dudas sobre su orientación sexual.

Entonces, ella le ofreció una “terapia reparativa”. Gustavo vio la alternativa como una solución a lo que pensaba que era un problema, sin pensar que más adelante el proceso tendría consecuencias graves.

El joven de 29 años solo quería una familia con los hijos y el perro. Entonces, la psicóloga le habló de la teoría de un psicólogo clínico estadounidense, Joseph Nicolosi.

La psicóloga convenció a Gustavo de que como enfrentó circunstancias complejas en su niñez, herotizó el deseo de tener una figura masculina en su vida. Gustavo estuvo un año y medio en este tipo de terapias, porque de esa forma se suponía que dejaría de ser quien es.

Le dijeron que cambiaría su orientación sexual si cambiaba la forma en la que caminaba, se sentaba, hablaba y hasta la forma en que se masturbaba.

En un momento, las terapias provocaron que sintiera asco de sí mismo.

Durante el año y medio de terapias, Gustavo tuvo dos intentos suicidas. Notó que algo andaba mal. Entre más terapias tomaba, más mentía y más perdido se sentía. La psicóloga le decía que era parte del redescubrimiento. Entonces, le regaló una biblia cristiana, empezó a integrar doctrinas del cristianismo en la terapia y lo refirió a un psiquiatra para que lo medicara.

“Yo lo que quiero es que la gente sepa que sí pasa. Yo estaba solo. Yo no tenía a quién ir”, explicó.

En eso, Gustavo decidió ir a una iglesia. Estaba buscando aceptación. Se sentía solo, según contó. Entonces, la psicóloga le sugiere que se mude a California para estar en un tipo de centro donde bajo extrañas terapias pueden “reparar” la orientación sexual de una persona. Esa sugerencia levantó una bandera roja para sus padres.

Fue entonces que Gustavo dejó las sesiones con la psicóloga y en el 2013 comienza a atenderse con un segundo psicólogo que le alerta sobre el “tratamiento” que estaba recibiendo y lo nosivo que estaba siendo.

Gustavo decidió contar su testimonio porque considera que esto es un asunto de vida o muerte. “No es un chiste. Porque no conozcan, no significa que no pasa. Yo no tengo agenda. No tengo por qué estar aquí”, añadió.

Esta terapia llevó a Gustavo al alcoholismo y según explicó, provocó más dificultades a la hora de desarrollar confianza y relacionarse.

En pocas palabras, resumió que es un proceso donde una persona aprende a odiarse.

“A los padres: escucha lo que tu hijo dice, porque eres mayor y maduro y educado no significa que sepas más o lo mejor para tu hijo. Si verdaderamente dices que tu hijo es la luz de tus ojos y vives por él, apóyalo. Escúchalo sin juicios”, culminó.

El caso de Elvin es un poco diferente al de Gustavo.

Tenía cerca de 15 años cuando una prima de su mamá decidió llevarlo a un pastor para que conversara y le sacaran “lo que tenía dentro”.

Luego, su madre lo llevó a un psicólogo que también era pastor. Le dieron una boleta para que marcara su orientación sexual y le preguntaron si quería ser “feliz y tener una familia”.

Elvin, asustado, respondió que era heterosexual y que sí quería tener una familia. Ahí comenzó todo.

El psicólogo le explicaba —en el consultorio que tenía frente a la iglesia que dirigía— que según las creencias religiosas que compartían, ser gay estaba mal. Le decían que no iba a poder tener una familia si no redefinía su orientación sexual.

“Llevaba la práctica bajo sus preceptos religiosos y no bajo la profesión”, explicó Elvin, quien hoy tiene 21 años.

Aunque Elvin destacó que su mamá no lo obligó a asistir, puntualizó que el tratamiento le hizo mucho daño y le provocó mucha confusión.

Lo llegaron a diagnosticar como “curado”.

Sin embargo, Elvin se cuestionaba por qué le decían que estaba “curado”, si aún sentía atracción sexual por las personas del mismo sexo.

No es hasta que llega a la Universidad Interamericana de Puerto Rico (UIPR) en Fajardo, que un profesor que también era teólogo le explicó que no había nada malo en él.

“Una terapia se supone que sea para ayudarte, no para desajustarte”, explicó.

Cuando se le preguntó qué le diría a los legisladores que atenderán la medida, respondió que él es el vivo ejemplo de que estas terapias no funcionan.

“Sigo aquí sintiendo lo mismo. Sigo siendo igual que el que fui. Solo que ya no lo reprimo” culminó.

Contexto sobre la medida legislativa

El Proyecto del Senado 184 es una medida legislativa que se propone prohibir las terapias de “conversión” contra menores de edad.

La medida define en ley lo que es una terapia de “conversión”, establece implicaciones sobre el licenciamiento profesional de las personas que lo practiquen, tipifica como maltrato que un madre, una padre o tutor permita este tipo de “terapia” y expone cómo se debe interpretar la ley en los foros correspondientes.

El proyecto fue presentado en el Senado de Puerto Rico por José Vargas Vidot, Ana Irma Rivera Lassén, Rafael Bernabe Riefkohl, María de Lourdes Santiago Negrón y Javier Aponte Dalmau.

La medida está ante la Comisión de Iniciativas Comunitarias, Salud Mental y Adicción del Senado de Puerto Rico, que preside Vargas Vidot.

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laislaoeste@gmail.com

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