La Isla Oeste

Jóvenes del oeste reimaginan el futuro con agro iniciativa

En el laboratorio viviente, además se instruye sobre ergonomía, reciclaje, prevención de ataques de calor e incendios y creación de composta.

2020 / One Red Media

Por Coral Natalie Negrón Almodóvar / Para La Isla Oeste

Lleguen con o sin aviso, los desastres naturales hacen todo tipo de estragos en la cotidianidad de una comunidad vulnerable. Luego la carencia se afirma como norma que estrangula la supervivencia e incita la derrota. Mas ante este panorama lúgubre, una que otra entidad abraza la autogestión e invierte todo su potencial en transformar realidades.

Tal es el caso de la organización de base comunitaria Aspira Inc. de Puerto Rico que, desde hace más de 50 años, labra para forjar líderes a través de programas educativos. Su enfoque es la retención escolar y el acceso a educación postsecundaria. No obstante, luego de las catástrofes de Irma y María, los roles de Aspira han ido in crescendo, explicó su directora ejecutiva Cora Arce Rivera.

“Las debacles recientes nos han hecho desarrollar planes en movimiento. Hemos pensado a corto, mediano y largo plazo cómo podemos impactar positivamente en las áreas de apoyo socio emocional, desarrollo económico, vivienda y salud,” añadió.

Sin embargo, los constantes movimientos telúricos en el suroeste de la isla, desde el pasado 28 de diciembre, han creado una nueva y aterradora “incógnita” que exacerba el trabajo de entidades como esta. La desinformación y la burocracia de las agencias federales y locales han atado las manos de un sin número de actores con intenciones loables.

Ante estas circunstancias, no queda otra solución que tenderse la mano y trabajar respuestas inmediatas -solidarias y sostenibles- en pro de una relación fortalecida con las comunidades vecinas, abundó Arce.

Ejemplo de ello es la adquisición de la finca El Pitirre en el sector Guaniquilla de Cabo Rojo, para que los estudiantes de la escuela alternativa Aspira en Mayagüez -dirigida por Gloria Lugo Soto-, vean la agricultura como sinónimo de seguridad alimentaria y empleo, dijo el agrónomo y líder del proyecto Francisco Acevedo.

“Estamos poniendo nuestro granito de arena para que estos jóvenes que, en su mayoría, provienen de residenciales descubran el mundo de la agricultura. El componente educativo del proyecto les ha despertado la curiosidad y ven la oportunidad como potencial fuente de ingreso ya sea como operadores(as) de equipo pesado, o como agrónomos(as)”, abundó Acevedo, quien es egresado de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez.

Los 15 estudiantes que forman parte de esta iniciativa son llevados gratuitamente, una vez por semana, a conocer y trabajar los 117 acres de tierra que ya contienen umbráculos. Allí se cultiva tamarindo, pitahaya, papaya y más, incluso comienzan a practicar el cultivo de raíces y tubérculos tropicales en respuesta a un posible fenómeno atmosférico.

Acevedo mencionó que, en el laboratorio viviente, además se instruye sobre ergonomía, reciclaje, prevención de ataques de calor e incendios y creación de composta. 

Una de las exparticipantes, Chakira Delorisses Marrero, comunicó Acevedo, aprendió a tener entre sus prioridades el desarrollo de un huerto casero ya que, tras el desastre natural del 2017, la tarjeta de cupones de alimentos no fue útil porque los supermercados estaban vacíos y no había energía eléctrica.

Una próxima fase incluiría el servicio de glamping, o camping de lujo, en el terreno, para allegar fondos económicos a través del turismo ecológico, añadió Arce.

La Isla Oeste pudo visitar el taller práctico que ubica en la Finca Agroeducativa el Pitirre, en el interior de la carretera PR- 107 en Cabo Rojo, donde precisamente los estudiantes salieron al campo a dar seguimiento a una siembra de limones.

Entusiasmados los estudiantes, recorrieron los caminos de la finca, guiados por el profesor, quien repasaba las lecciones aprendidas de la clase anterior y les explicaba porqué esta vez les tocaba desyerbar los alrededores de los arboles recién sembrados, para que pudieran absorber el agua y el abono aplicado previamente.

Brianna Cancel Leclerc, de 15 años, se colocaba sus guantes azules, lista para arrancar las yerbas que ahogaban a los minúsculos árboles. La tarea se le hizo fácil, pues confesó estar familiarizada con el campo, puesto que proviene de la ruralía en Mayagüez.

“Yo me apunté en el curso porque vivo en el campo y sé de esto”, acotó la joven, un tanto introvertida y esquiva de las cámaras.

A diferencia de Brianna, otros participantes del programa manifestaron que esta fue su primera experiencia directa con la tierra, es decir, nunca antes se habían sumido en una actividad agrícola.

Yadiel Rodríguez Padilla, a sus 15 años no se visualiza como agricultor sino como electricista. Empero, el amor que le legó su abuela por la siembra de ornamentales en su jardín hizo que se insertara en el curso de manera apasionada.

Jeisel Adrián Díaz Cruz, de 17, se visualiza en un futuro como mecánico automotriz, pero dijo estar encantado con el programa, pues “es una escuela que tiene muchas oportunidades, ya que nos puede brindar muchas facilidades. Nos da esa oportunidad que otras escuelas no nos han dado”.

“Me gusta la naturaleza. Me gustaría aprender más, ya que no tengo mucha oportunidad, ya que no vivo en el campo y siempre me ha llamado la atención y me gusta”.

Jeisel Adrián Díaz Cruz, estudiante en Aspira

Entretanto, la directora del programa añora que proyectos como este se multipliquen en Aspira e igual en otras organizaciones locales, veteranas o recientes, dedicadas a la recuperación justa de Puerto Rico. Sin embargo, advierte sobre las incipientes entidades pos huracán María y terremoto que no necesariamente tienen el bienestar de los puertorriqueños como prioridad más compiten por fondos económicos que, ya de por sí, están limitados.

Arce recordó que por esa cuestión surgió el Movimiento Una Sola Voz, un conglomerado de organizaciones que se unieron ante la crisis económica previa al huracán y que batalló por el capital que le pertenecía “impactando positivamente la vida de sobre 24,000” personas.

Cabe destacar que sobre un 50 por ciento de la niñez en el oeste, excepto por Sábana Grande, vive bajo el nivel de pobreza federal, según la Encuesta sobre la Comunidad del 2017.

Daileen Joan Rodríguez y Jaime Crespo colaboraron en esta historia.

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