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Jurado encuentra culpable a sargento de San Germán por actos lascivos

Por Daileen Joan Rodríguez / Para La Isla Oeste

Mayagüez. Un panel de jurado encontró culpable al sargento Mario Rosario Vargas, de 50 años, adscrito al Distrito de San Germán, acusado de cometer actos lascivos contra una guardia de seguridad dentro de una patrulla de la policía y en horas laborables.

En votación 12-0, este miércoles desde el Tribunal de Mayagüez, el Jurado halló culpabilidad por actos lascivos contra el sargento, a quien en febrero de 2016 el entonces superintendente de la Policía, José L. Caldero López suspendió sumariariamente de empleo y sueldo por hechos ocurridos el 19 de octubre del 2014.

El caso fue investigado por la fiscal Rosa Acevedo y la agente Marlyn Alvares de la División de Delitos Sexuales de Mayagüez.

Ficha Mario Rosario Vargas / Suministrada

Junto al sargento Rosario Vargas, también figuraba como acusado el agente Miguel A. Rivera Santos, por alegadamente persuadir a la querellante para no testificar en contra de su superior, a cambio de $7,000. Empero, este salió No Culpable, según confirmó la fiscal Acevedo, quien a preguntas de La Isla Oeste comentó que “como parte de nuestra prueba se demostró allí mismo que la misma policía trató de obligar a la víctima de que no siguiera con el caso”.

Según el desfile de prueba, la querellante narró que el hoy convicto sargento, se ofreció (el 19 de octubre de 2016) llevarla a su casa cuando salió de su trabajo y en el trayecto le tocó la vagina.

La víctima -quien trabajaba como guardia de seguridad de la escuela Lola Rodríguez de Tió- declaró que ese día no tenía transportación porque su vehículo estaba en el mecánico. Explicó que las llaves de la escuela se guardaban en el cuartel que ubica frente al plantel escolar, por lo que cuando las fue a buscar, le comentó al retén su preocupación por que su turno terminaba a las 5:00 de la madrugada y no tenía cómo llegar a su casa. Según dijo, el retén le comunicó que se fuera tranquila porque a pie no la iban a dejar.

Esa madrugada, el sargento Rosario Vargas apareció por la escuela y le dijo “vente que te voy a llevar”. Ella se montó, preguntándole si se iba a portar bien, pues –según dijo- anteriormente como en diez ocasiones el sargento le había hecho ofrecimientos verbales para encontrarse y “calentarse”; ofrecimientos que la víctima asegura haber rechazado siempre.

La víctima narró que se abrazó de cartera para taparse, pues el sargento Rosario Vargas comenzó a tocarla con su mano derecha.

“Me tocó muslo, vagina y busto. Me cogió la mano para que le cogiera el pene porque lo tenía parado”… había declarado la víctima en vista preliminar. “Me preguntaba porqué yo era tan arisca. Desde que me monté, él no me respetó”, narró entonces.

Supuestamente durante el trayecto hacia su casa –por una carretera apartada en el campo de San Germán- el oficial le sugirió detenerse en un lugar, pero ella le suplicó que la llevara a su casa.

Una vez se bajó de la patrulla, tiró la puerta y se fue. “Me fui a bañar. Me sentía sucia”, señaló la testigo, que días después decidió radicar la querella.

 

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