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Menor escapó durante emergencia por huracán de eterno patrón de incesto en Lajas [VIDEO]

Por Daileen Joan Rodríguez / Para La Isla Oeste

Mayagüez. Para ella, la fuerza natural que dejó en desolación y oscuridad al país, trajo luz y esperanza a su vida. El huracán María le regaló la oportunidad de escapar de aquel cuarto al que estuvo confinada por casi seis años, siendo objeto sexual y víctima del delirio de posesión por parte de alguien de su propia sangre.

Tendría 12 años cuando por primera vez su hermano –con la edad de 20- cometió un acto lascivo contra ella. Fue el día de su cumpleaños número 13 cuando comenzó el patrón de agresiones sexuales.

Esta tragedia pasó en el pueblo de Lajas en el seno familiar de nueve personas, donde la madre incluso conocía de lo que estaba pasando.

“Yo se lo dije el primer día que pasó esto. Ella dijo que lo iba a dialogar, pero no pasó nada”, declaró ayer la víctima, desde un circuito cerrado en la sala de la jueza Lucy Rivera Doncell en el Tribunal de Mayagüez. Su victimario observaba a través de un monitor, vestido de confinado en amarillo mostaza y sus pies y manos atados con cadenas durante la vista preliminar para encontrar causa en su contra por 15 cargos: cinco por incesto, cinco por maltrato de menores y cinco por restricción a la libertad.

A la niña –que hoy tiene 16 años- la llamaremos María para proteger su identidad, en honor al huracán que le sirvió de oportunidad para escapar de su agresor.

Según narró María, tras haber vivido a la sombra de su hermano desde el año 2013, el pasado 30 de septiembre fue la última vez que él le puso una mano encima. Ese día María logró escapar de aquel cuarto.

Días antes había escuchado de su mamá, decir algo acerca del Departamento de la Familia. Hasta entonces, María no había sentido la confianza de decir lo que le estaba pasando, toda vez que la imagen matriarcal –la de mayor confianza en su vida- la había traicionado por dejar que pasara. “No confiaba en nadie”, aseguró con voz quebrada a través de un monitor del Tribunal.

Escuchar que existía una agencia que velaba por el bienestar de los niños le llenó a María de esperanza y aprovechó los días de la emergencia por el huracán, cuando todos estaban ocupados en la casa y/o atacando el ocio por no contar con energía eléctrica.

Escapó. Tardó cuatro horas en llegar caminando hasta la casa donde vive otro de sus seis hermanos y le contó todo. Le pidió que la llevara al Departamento de Familia y así lo hizo al día siguiente, porque entonces ya era de noche.

Allí contó cómo fueron sus eternos días, confinada en una habitación cerrada con pestillo. “Si toco ese pestillo, me iba a pasar algo peor”, declaró entre lágrimas.

La primera vez

-(A) mi hermano yo lo vi triste en el cuarto de él, narró indicando que entonces entró en la habitación y él cerró la puerta. Allí él le hizo acercamiento lascivo.

¿Pero tú no te fuiste a la otra esquina del cuarto, verdad que no? preguntó la licenciada Bárbara Díaz-Piferrer, abogada de la Sociedad para la Asistencia Legal (SAL) a cargo de la defensa del imputado.

-No entiendo, respondió la víctima.

-Nadie te estaba aguantando la boca, inquirió la abogada en un intento por descubrir si el incidente había ocurrido por consentimiento de la menor, quien entonces tendría 12 años de edad.

La menor insistió en que tenía miedo.

La segunda vez

Luego de este incidente, su hermano se apropió de María, al punto que la visitaba al mediodía en la escuela y no la dejaba jugar con sus compañeros de sexto grado.

En la intimidad de su casa, dormían en el mismo cuarto. Ella era su novia y si decía que no, le daba puños. En una ocasión le rompió el labio. Ya no podía siquiera hablar con sus demás hermanos.

El día de su cumpleaños número 13, María hablaba con una de sus hermanas cuando la llevó al cuarto y le pegó “porque le faltó el respeto”. Ella se cayó y se levantó. Empero, allí consumó la violación sexual. “Después era un día sí y un día no”, detalló, indicando que su mamá nunca estaba presente en la casa cuando esto ocurría.

Alegadamente su mamá le pidió que no dijera nada a nadie “y yo para protegerla, como la amaba tanto…”, (no dijo nada).

Una orientadora escolar sospechó

Viendo que María ahora vivía a la sombra de su hermano, los niños en la escuela comenzaron a “hablar”. Entonces una orientadora de su escuela comenzó a fijarse cuando pasaba por su casa y observó que todos los hermanos entraban y salían normalmente de la casa menos María. A preguntas de la orientadora María mintió diciendo que su hermano lo que hacía era velar por ella, porque en el pasado había sido violada por su  hermano mayor.  “Me dijo que le mintiera”, dijo, haciendo referencia a su verdadero agresor.

Entonces –dijo- la orientadora pensó que era normal  y dejó que su hermano (el agresor) siguiera entrando a la escuela para “velar por ella”.

¿Porqué guardaste silencio hasta el 30 de septiembre?, preguntó la abogada de defensa.

-Porque tenía miedo, pensaba que me iba a maltratar peor de lo que me hizo, respondió María al interrogatorio de la licenciada Díaz-Piferrer.

María reconoció que en un principio su hermano le prohibía salir, pero luego era ella la que no quería tener contacto con nadie “porque si era con el pega’o de mí, no quería salir a ningún lado”, dijo, recalcando que estaba ya harta de que incluso la acompañara a cepillarse los dientes y si tenía que ir al baño a hacer necesidades fisiológicas él la esperaba a la puerta.

Al finalizar sus declaraciones, el fiscal Omar Manfredy -quien representa al Ministerio Público junto a la fiscal Wandy Camacho- le pidió que identificara a su agresor en sala para efectos del procedimiento judicial.

Cuando se abrió la puerta, María miró solo una vez a su agresor con evidente terror en los ojos y cambiando la vista levantó la mano y apuntó con el dedo a la mesa donde estaba sentado el imputado en sala. Luego de esto, el personal de Administración de Tribunales se la llevó de vuelta con un técnico de Familia para trasladarla al albergue donde permanece con sus otros hermanos, luego que fueran retirados del hogar al salir el caso a la luz.

La jueza Rivera Doncell encontró causa para juicio contra el hombre de 26 años por todos los delitos imputados, señalando la lectura de acusación para el 1 de febrero de 2018. De encontrarse culpable, podría enfrentar una pena fija de 50 años de cárcel.

El caso fue denunciado en el Distrito de Lajas e investigado por la agente Yanitza Rodríguez de la División de Delitos Sexuales y Maltrato a Menores del CIC de Mayagüez.

Esta nota fue editada luego de publicada.

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laislaoeste@gmail.com

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