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OPINIÓN: No a la venta de la AEE

Por Luis Ibrahyn Casiano

Ante el disgusto casi generalizado del pueblo, pareciera ser que el modelo empresarista a través de la privatización coge auge. Sin embargo, una realidad es; que lo privado no es sinónimo de buen servicio, y entenderlo, es tan necesario como comprender que cuando alguien está enfermo y tiene fiebre, este no se cura quitando las sábanas. Pues la fiebre no se encuentre en ella, sino en el ser. Al igual que en las dependencias y corporaciones públicas, una buena administración y el sentido colectivo del servicio como derecho del pueblo es lo que dará garantías de calidad y accesibilidad, como el tener un pueblo que ilustradamente las defienda y las transforme;  y no que por coraje lo venda.

A través de la historia moderna, el neoliberalismo ha sido la sombra de lo que muchos por desconocimiento llaman democracia. Desde la conceptualización del capitalismo, no es otra cosa que los instrumentos del pueblo dirigidos a beneficiar patrimonios privados.

Sin dudas, la Autoridad de Energía Eléctrica debe ser reconstruida, pero para ello, es necesario crear seguridad entre los(as) trabajadores, despolitizar esta y encaminarla a ofrecer un servicio más humanizado; con herramientas adecuadas y con abastecimientos para enfrentar distintas crisis en la infraestructura eléctrica. Para ello, hace falta un gobierno con voluntad y vocación de servicio colectivo y un pueblo menos individualista.

Durante años, se han manifestado realidades que hoy la gente ve porque la crisis les tocó post huracán, y yo, sin hacer juicio valorativo desde la óptica personal; y únicamente ponderando elementos políticos históricos, ha sido ese mismo pueblo que con conocimiento o por carecer de el le ha dado la espalda a esos reclamos. Que ha esquivado su mirada a decenas de manifestaciones y piquetes, que no tenían otro fin que abogar por los derechos de los trabajadores y los abonados. Un pueblo que no protestó cuando doña  Lisa Donahue se ganó unos largos millones por hacer análisis huecos yéndose sonreída con su maleta de dinero; tiene que despertar y ver quién es el que le falta a su compromiso y las razones por las que hemos llegado a donde estamos con un mal manejo de los bienes públicos.

La privatización, lejos de traer justicia al pueblo y un buen servicio, lo único que traerá consigo es el incremento de beneficios económicos, sí, pero para quien la administra. Pues desde la perspectiva empresarial, los negocios se manejan para dejar ganancias, y no como bienes públicos, que deben ser para el funcionamiento y la otorgación del servicio.

Es ilusorio pensar que una entidad “quebrada” tenga tantos pretendientes enamorando al gobierno para que accedan a su unión con el propósito de ayudar. ¡Por favor!, seamos racionales. El empresarismo que conocemos no está diseñado con amor y sin fines de lucro. La A.E.E. es mucho más que  una agencia, es una corporación pública, es el pueblo de Puerto Rico; porque ella, como muy pocas otras que aún quedan es el reflejo de la identidad nacional hecha gestión.

Delegar en manos privadas lo que es de menester público, y no para que se reconstruya con nuestras propias manos y por nuestras propias capacidades es reducirse a nada e ignorar el mandato directo que se dio en el sufragio al gobierno electo, que representa, el no cancelar ese contrato moral que va dirigido a administrar y a preservar sus bienes. Hago un llamado a la indignación ante las fallas estructurales y del servicio en el gobierno; pero siempre  impulsado con esperanza el retomar con visión su reconstrucción. Por los nuestros y para los nuestros, el pueblo; su mayoría trabajadora; no a la venta.

El autor es estudiante de maestría y trabajo social clínico.

 

 

 

 

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laislaoeste@gmail.com

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