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PREGÚNTALE A LA PRIMA: ¿Qué hacer para calmar a mi mascota del ruido de pirotecnia?

La prima nos habla hoy de los sistemas propioceptivo y vestibular y cómo reconocerlos a nuestro favor cuando la ansiedad ataca.

Por Yadira M. Rentas Rodríguez, OTR/L (NBCOT Certified Pediatric OT)

En estos días vemos en las redes sociales muchos anuncios de dueños de perro (y gatos) buscando sus animales que han huido de sus casas debido a la ansiedad que les ocasiona el ruido de los petardos.

Es algo muy penoso y sé, por experiencia propia, lo qué se siente el perder una mascota. No se me han escapado, pero sí se me han muerto -desde los huracanes Irma y María para acá- tres cabras y cuatro perros. Las cabras, aparentemente a causa del estrés provocado por las tormentas y los perros debido a su edad o enfermedades no relacionadas a estas. ¡Son demasiados para tan poco tiempo!

Pero el tema no es el de los animales, sino el estrés que nos ha estado atacando desde hace un tiempo para acá.  Vi un anuncio en “Facebook” de una especie de “amarre“ que una persona supuestamente inventó para evitar que los perros se pusieran nerviosos con el ruido de los petardos.

La verdad es que hace tiempo hay muchos “chalecos” comerciales que se utilizan para “apretar” al perro para que no se ponga tenso durante momentos de mucho estrés.  Lo utilizaba con mi perro Güiro, al que cariñosamente le llamaba “Mario Trauma”, pues era un perro muy miedoso y “nervioso”.  Y quiero decirles que ¡funciona! 

Toda buena Terapista Ocupacional conoce la razón por la cual esto funciona.  Y es que hay un sentido, al que poca gente conoce, que recibe su información de los músculos y articulaciones del cuerpo y que tiene el efecto de “organizar” los demás sentidos de manera que nos sintamos seguros en el ambiente. 

Cuando fuimos a la escuela nos enseñaron que teníamos cinco sentidos y hasta cantábamos una canción acerca de ellos.  Pero…quiero decirles que hay al menos dos sentidos más.  Estos son el sentido vestibular y el propioceptivo.

El sentido vestibular nos da información de movimiento y nos ayuda a percibir las profundidades o alturas. Es importante para mantener el balance, movernos en el espacio y sentirnos seguros. 

El sentido propioceptivo nos da información de nuestros músculos y articulaciones. Nos permite saber cuán lejos llegan nuestras extremidades y cuán altos o bajos somos. Nos dice si tenemos la vejiga llena o tenemos hambre o si tenemos la cabeza erguida o el codo doblado. Nos permite saber dónde tenemos todas las partes del cuerpo sin tener que mirarlas. 

Estos sentidos también actúan para darnos la capacidad de autorregularnos. 

El chaleco que se usa en los perros, lo que hace es darles un apretón (o abrazo artificial) y esto a su vez estimula los propioreceptores de músculos y articulaciones que los calma y hace sentir seguros. Es lo que sucede cuando vemos en televisión (o Facebook) una tragedia y alguien está llorando. Casi siempre (en Puerto Rico) aparece una persona que abraza con fuerza al que llora y lo mece de lado a lado. 

¿Tienes ansiedad? ¡Pégale la manguera a la marquesina!

Lo mismo sucede cuando estamos con coraje porque al novio o marido se le olvidó que hoy era tu cumpleaños y entonces coges la manguera y limpias la marquesina con el chorro “a tó pulmón”. Cuando terminas, estas “relax” y quizás hasta logras que te lleven a dar un paseíto.

Al hacer una tarea que envuelve el hacer fuerza y moverte en el espacio, has estimulado los sistemas propioceptivo y vestibular y logras calmarte. Lo mismo sucede cuando tienes los nervios de punta y te meces en un sillón o en una hamaca.  O bailas un ratito, sola en la sala, limpias las ventanas o le pasas el mapo a toda la casa.  Otras tareas que ayudan a estimular estos dos sistemas son el correr bicicleta, caminar o joggear, hacer aeróbicos…

Los niños pequeños disfrutan cargando cosas pesadas, arrastrando sillas o empujando el cochecito. Y como sus sistemas están madurando todavía, no tienen mucho control de su fuerza por lo que rompen las crayolas o pueden apretar demasiado a otros niños o animales. 

Estos sentidos ya deben estar maduros de los ocho a once años más o menos, pero en la adolescencia o durante el embarazo, cuando el “mapa” del cuerpo cambia de forma acelerada, nos ponemos un tanto torpes en nuestros movimientos.

Hay personas, adultos y niños, que tenemos dificultades en el procesamiento de esta información propioceptiva y vestibular. Si eres un adulto ya te habrás dado cuenta de que tienes algunos problemas, como por ejemplo: te mareas fácilmente en las curvas de Puerto Rico o en un ascensor; tienes temor (o te encanta) al pasear en la montaña rusa; tropiezas con las paredes cuando coges una curva; nunca fuiste muy bueno en los deportes; tu agarre es demasiado fuerte o débil; no soportas (o te encanta) la ropa muy apretada y te gusta dormir con muchas almohadas a tu alrededor o te arropas aunque haga calor. Quizás, como yo, puedes subir, pero no bajar una escalera. Todas esas conductas se relacionan a tu manera de interpretar la información vestibular o propioceptiva.  En los niños pequeños se pueden observar estas conductas:

  1. Dificultad para dormir: despertarse mucho en las noches, no querer dormir sólo,  pegarse de la persona que duerme a su lado, tener una almohada o peluche para “agarrarse” de este mientras duerme y meterse entre las almohadas o entre los cojines del sofá para dormirse.
  2. Disfrutar de las caídas: gustar de tirarse al piso o jugar “lucha libre” con papá (en exceso); darse en la cabeza.
  3. Ser muy rudo con los demás niños (les da, los empuja…) y con los juguetes o materiales escolares (rompe las crayolas, muerde los lápices).
  4. Torcer los dedos o el cuerpo, trincarse o contraer grupos de músculos.
  5. Aletear con las manos o mover la cabeza de lado a lado repetitivamente.
  6. Chirrear los dientes, tensar la quijada, “darsecantacitos” en la barbilla o pegar la barbilla con fuerza al hombro del que lo toma en brazos.
  7. Gusta arrastrar, empujar o cargar cosas pesadas.
  8. Disfrutar en extremo del movimiento: emocionarse demasiado en las machinas, no tener temor de las alturas, dar vueltas en un mismo lugar o correr de uno a otro lado repetitivamente.
  9. Ser demasiado cauteloso y temeroso de las alturas o el movimiento y marearse con facilidad.
  10. Caminar arrastrando los pies yasustarse si lo toman en brazos inesperada o rápidamente o asustarse /llorar cuando lo acuestan a cambiarle el pañal.
  11. Tener dificultad para lograr el entrenamiento al baño.
  12. Tener dificultad en el desarrollo de destrezas motoras tales como correr, saltar obstáculos, usar equipo de juego, brincar en uno o dos pies e imitar juegos motores.

Si has observado varias de estas conductas en tu niño, debes solicitar una evaluación Sensorial con un Terapista Ocupacional Pediátrico. Puedes comunicarte con el Colegio de Profesionales de Terapia Ocupacional para informarte acerca de un Terapista Ocupacional disponible en tu área de residencia.

La autora es terapista ocupacional pediátrica en Servicios Terapéuticos MAYARI, Ofic. 202 B Santa Rosa Mall, Bayamón Tel. 787-780-6006   e-mail: serviciosterapeuticosmayari@gmail.com

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laislaoeste@gmail.com

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