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Ser Santa no es fácil

Por One Red Media

Vestirse con un traje caluroso en una isla tropical, para dar vida al mítico personaje de Santa Claus, no resulta tan malo cuando el trabajo se hace en un centro comercial, donde la temperatura es más bien acondicionada. Lo difícil es “aguantarse” de ir al baño, y sobre todo, superar conversaciones que en ocasiones le “rajan” el corazón.

Se trata de un Santa que durante el año regular se viste de profesor de Justicia Criminal y que conoce de cerca el lado oscuro de la gente. Empero, este Santa prefiere hacer lo posible por mantener a todos en la Lista de los Buenos, para que nadie se quede sin regalos un día como mañana, pues de paso, asegura su empleo y el de todos “sus renos”.

En entrevista exclusiva, el Barbudo más solicitado de esta temporada reveló a La Isla Oeste anécdotas que pocas personas conocen de su trabajo; que van desde traer a padres del Teatro de Guerra hasta de casamentero.

Santa comenzó recordando los casos más típicos, como lo son aquellos que no pueden costear regalos para sus hijos y buscan su intervención para que les saque de apuros. Después de todo, él es Santa y los niños se lo creen. ¿O no?

“Hay padres que a veces tienen problemas con sus hijos por mal comportamiento y me piden que les diga a los niños que se porten bien o que sean más cariñosos con ellos (sus padres) o con sus hermanos. Eso es propio de mi intervención con los adultos”, explica.

Santa cuenta que en una ocasión, un padre había perdido el trabajo y su hijo estaba pidiendo un regalo muy costoso. “El papá no encontraba cómo decirle al niño que no podía comprar ni regalos. Me lo dijo, me sacó aparte y me dijo: Yo no tengo trabajo ¿qué puedo hacer?”. Es así que, Santa se vistió de compasión y habló con el pequeño sobre la dificultad de conseguir regalos.

“Hablamos sobre la unión que hay entre los padres y Santa Claus para poder llevar a cabo la acción de regalar. Le expliqué que a pesar de que yo soy Santa hay una limitación de regalos y que todas las familias tienen limitaciones en la cantidad de regalos que pueden recibir”, explicó entonces.

“Cuando el niño habla conmigo, está hablando con Santa Claus, con el personaje que le va a traer ese regalo de ensueño”, afirma, lamentando no poseer la magia real para resolver estos asuntos que le causan tristeza.

Sin duda, el trabajo de Santa es uno arriesgado, porque garantizar deseos es una actividad muy riesgosa. Y es que, advierte que entre estos pedidos, hay algunos que pueden llegar a sonrojarle la cara.

“Hay anécdotas de parejas donde existe un impasse. A veces uno de ambos no se atreve pedir matrimonio o compromiso y cuando les pregunto qué quieren para Navidad, se miran con ganas de decirse algo”, explica.

Es entonces cuando le toca intervenir y a veces logra enterarse de que está en medio de una proposición. Lo malo es que el regalo no depende de él y ahí es que se aprieta la cosa.

“Me dicen: Santa, pregúntale si se quiere casar conmigo. Dígale que yo soy una persona buena; que yo estoy en la Lista (de los Buenos) y que me porto bien, a ver si ella me da “ese regalito” que tanto yo quiero si me porto bien en la Noche Buena”, cuenta.

Empero, más allá de matrimonio, hay quienes lo que piden es gozo sin compromiso. “El año pasado tuve una situación en la que el muchacho era quien quería “algo” y decía que su pareja no le había dado ningún “regalo” durante el año. No sé a qué se refería, pero cuando le pregunté si se podía poner en una cajita ¡me dijo que no! …Esos casitos se ven”, acota.

Hay regalos que se tornan “milagros”

De otra parte, Santa cuenta que hay peticiones que ponen en entredicho su “magia y poder”, pues a veces le hacen quedar como el tremendo impostor.

Resulta que, en ocasiones el regalo es tan valioso que ni con dinero se compra. Cuando Santa escucha desde sus faldas a ese niño o niña pedirle: ¿Me puedes traer a papá?, el pecho se le aprieta y el corazón le salta. Estos son los regalos más imposibles de garantizar.

Pero no todas las historias terminan en tragedia. Recuerda que en una ocasión, un niño quería que su papá regresara del Ejército. “Su mamá se contactó conmigo y me advirtió: el nene te va a pedir que le traigas a su papá de Irak. Ya mi esposo me llamó y me dijo que va a estar tal día. Cuando vengamos a hablar contigo le dices que sí”, recuerda Santa con cierta nostalgia, porque ese caso se logró.

Resulta que, el soldado se escondió detrás del escenario donde ubica la silla de Santa en el Centro Comercial y cuando el niño pidió que le trajera a su papá, el militar salió sorpresivamente.

“Se pudo hacer el recibimiento aquí. Hay fotos de cuando se encontraron”, acota Santa, recordando todavía el rostro impresionado del niño y las lágrimas de felicidad subsiguientes. “Fue precioso. Tú ver esos encuentros, de verdad que es algo bien… bien bonito”.

 

 

 

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laislaoeste@gmail.com

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