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Voluntarios que marcan el futuro de una generación

Por Daileen Joan Rodríguez / La Isla Oeste

Hay quienes afirman que el futuro de un país está en manos de quienes lideran y forman a nuestros jóvenes. Si las nuevas generaciones no tuvieran un guía que les enseñe a valorarse y a ofrecer sus talentos al prójimo, seriamos sociedades mancas, sin valores y sin conciencia.

Dicen que “los buenos somos más”. ¿Pero donde están?; pues allí, donde la mano desprendida hace el trabajo de educar a los jóvenes y donde los jóvenes se entregan al servicio de la comunidad.  

En Puerto Rico existen organizaciones que van desde el escutismo (Boys & Girls Scouts y/o Venture), la Liga Atlética Policiaca, Civil Air Patrol, US Naval Sea Cadet Corp, entre otros por mencionar a algunos, que dan la oportunidad a los jóvenes de probarse en carácter, civismo, liderazgo, responsabilidad, temple y más.

Durante la emergencia del huracán María, vimos a muchos funcionarios públicos dando el todo por el todo, tratando de sacar adelante a un país en ruinas. A su lado, estaban los voluntarios, quienes formaron estructuras de respuesta con las pocas herramientas que tenían a la mano en conocimiento y experiencia.

Entre estos voluntarios estaba Luis R. Ventura, quien desde edad muy temprana tuvo la experiencia de formarse como cadete en el Navy Sea Cadets en Vieques. Hoy, Ventura es policía y funge como instructor en la Escuela de Marinería de las Fuerzas Unidas de Rápida Acción (FURA) de Puerto Rico. A pesar de su atareada jornada, en su tiempo libre revierte lo aprendido sirviendo como voluntario.

Precisamente, en este afán, el comandante Ventura pasó nueve días consecutivos en la academia de la Policía en Gurabo, liderando un particular campamento de verano para un grupo de nuevos cadetes, quienes se graduaron este domingo, 14 de julio, con evidente ilusión de haber logrado superar los retos del entrenamiento básico.   

Nos adentramos en su mundo -durante una tarde- para ver cómo se forman estos jóvenes a través de iniciativas como estas.

¿Por qué hacer esto?, preguntamos.

“Soy policía y sacar mi tiempo para sacar a estos jóvenes de la calle; que se enfoquen en su futuro, en crecer, en hacer un bien para nuestra sociedad, eso es suficiente”, respondió Ventura en entrevista con La Isla Oeste.

Según nos cuenta, los cadetes -de entre 10 a 18 años- se desconectaron del mundo exterior –sin teléfonos ni tabletas electrónicas- para aprender durante el proceso: disciplina, desapego, valores, crecimiento personal y aprendizaje básico de primeros auxilios, rescate, entre otros.  

“Estos jóvenes, en caso de alguna emergencia nacional –como pasó con el huracán María, se tornan voluntarios con la sociedad y ayudan –por ejemplo- a la policía a dar tránsito”, dijo el comandante, a cargo del campamento. “También, sé que las Unidades de Ceiba y San Germán estuvieron ayudando a dar comida a todas las personas que lo necesitaron”, acotó.

Al igual que Ventura, la enfermera retirada y hoy comandante de la Unidad de San Germán, Nancy Padilla Vélez, prestó servicio voluntario durante el campamento como oficial a cargo de la división médica. En total fueron 11 oficiales a cargo de este particular campamento de verano al que asistieron 48 cadetes juveniles.

Salvar vidas de la mano de la Cruz Roja

Pasamos al área de la piscina donde David Nazario, instructor de CPR y salva vidas para la Cruz Roja Americana, impartía entrenamiento a un grupo de cadetes juveniles sobre cómo salvar a una persona ahogándose. Esto, como parte del curso de Rescate Acuático, que les da herramientas para aplicar resucitación y rescate, conocimiento que les ayuda a ganar ventaja económica, toda vez que les capacita para un trabajo en piscinas, playas y/o complejos recreativos durante actividades privadas.

“Este grupo es de ocho. Sería lo mejor (poder) impactar a todo joven que quiera hacer esto. No solo pueden conseguir trabajo (como salvavidas), sino que tienen un conocimiento personal que pueden llevar a su casa y de haber una emergencia en una actividad recreativa, están preparados”, dijo Nazario.

Seguido, llegamos a la cancha, donde otros cadetes aprendían sobre la solemnidad que requiere llevar las banderas (colors) del país. Cabe mencionarse que una de las actividades a las que los cadetes juveniles son llamados a prestar servicio voluntario a la comunidad, es durante graduaciones y/o exequias oficiales para rendir honor a los fallecidos distinguidos.

“Esto les puede ayudar tanto en la vida militar como en lo civil, porque les enseña a tener mayor dedicación hacia algo que estén haciendo. Aprenden a tener mayor motivación, a tener iniciativa propia y querer seguir aprendiendo… que es muy importante en la juventud: seguir aprendiendo”, dijo el lieutenant, junior grade, Luis Lugo, a cargo de la enseñanza de esta marcha.

Un escenario de igualdad para la mujer

Pasamos al grupo de los cadetes más avanzados, donde precisamente una joven de 17 años respondía ante el grupo preguntas del comandante Oscar Escalante.  El oficial, quien vino voluntariamente desde Chicago, para impartir el curso que abre oportunidades a jóvenes a entrar en la academia naval de Estados Unidos, explicó que a nivel nacional existen algunas mil féminas de un total de 2,000 cadetes.

 “La meta de nosotros es no discriminar entre hombre y mujer. Les digo siempre que todos usan el uniforme azul, porque todos son “navy blue”. Aquí no hay hombres ni mujeres (diferencia en géneros), los dos pueden hacer lo mismo”, destacó.  “El currículo del programa es para que ellos sean mejores personas, no necesariamente para crezcan como militares, sino que sean adultos responsables y seres responsables en su comunidad”, puntualizó.

De 48 cadetes que participaron de este campamento, solo ocho eran féminas. Para la midshipman Alexa Rivera Rodríguez, ser una de cuatro en el panel de oficiales a cargo, es una responsabilidad sin acomodos.

La joven de rango más joven en la oficialidad, está a cargo de los cadetes más pequeños. A cinco años de pertenecer en el grupo, dice que “es un buen programa para crear liderazgo en los jóvenes y ponerles una disciplina que les pueda ayudar en el campo profesional en un futuro”.

“Sinceramente, antes de estar en este programa, probablemente si me decían que tenía que hacer una entrevista, no la quisiera hacer”, dijo, reconociéndose introvertida en el pasado. “Este programa les ayuda a tener más confianza en sí mismos”, concluyó.

En Puerto Rico hay cerca de 200 cadetes adscritos al US Naval Sea Cadet Corp. Existen cuatro unidades alrededor de la Isla: Aguadilla, San Germán, Ceiba y San Juan. Para participar del campamento básico, deben haber pasado seis meses de preparación durante todos los fines de semana. Su asistencia es voluntaria.

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laislaoeste@gmail.com

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